miércoles, 29 de abril de 2026

EL DILEMA ÉTICO EN ESPAÑA

 La “prioridad nacional” no es un concepto salido de la ocurrencia de unos cuantos, ha sido fabricado e impulsado por el mismo gobierno, no entiendo con qué objetivo; quizás acusar de insolidaridad a parte de los ciudadanos cotizantes, esos que pagan sus impuestos y que son los que financian los sueldos políticos y otras medidas con las que pudieran no estar de acuerdo.

Para los ciudadanos supone un dilema ético porque ven cómo algunos españoles no pueden acceder a ciertos servicios, a ciertas ayudas porque, evidentemente, hay personas que también lo necesitan y tienen hijos. Pero si cada vez son más éstos últimos, cada vez más aquéllos se sienten más desplazados de su propio país.

Recuerdo presenciar una escena real, en una calle cualquiera de cualquier ciudad, un hombre de unos 50 años, sentado contra la pared, pide ayuda para poder comer; en la acera contigua una mujer con niños, llegada de fuera, es conducida escoltada a una vivienda. Miré aquella escena que me produjo un dilema, por qué, por qué uno y el otro que se muera. Muchos dirán que es un vago porque es hombre. No sé qué fenómeno nos ha hecho ver que los hombres no tienen derecho a empatía y sí las mujeres, que los hombres pueden vivir en la calle, pero no las mujeres.

¿Por qué uno y otros no? ¿Por qué hay que ponerse a la cola para ser siempre el último, ya que, lógicamente, los niños tienen prioridad? ¿Acaso esa idílica España de la que hablan no existe y es una quimera? Porque el hecho de que haya más de un millón de personas cobrando el IMV supone que algo anda mal: Si se necesitan trabajadores por qué no se les forma para dichos trabajos.

¿Y qué hay de las cuotas de formación? Me refiero a esos cursos dirigidos, fundamentalmente, a mujeres en los que se establece una cuota mínima para hombres ¿Eso es igualdad? ¿Y si esos hombres tienen hijos? ¿Por qué nunca se habla de la cantidad de accidentes laborales en las que mueren trabajadores? ¿Por qué uno y otros no?

No, señor Sánchez, eso no es humanidad, son dádivas, como aquellas de los “Señoritos”; usted confunde conceptos y es usted el que ha creado la “prioridad nacional” abandonando a los ciudadanos que vivimos en esta tierra, antaño llamada España, insultándolos, degradándolos y alabando a quienes vienen de fuera frente a nosotros en lugar de tratarnos por igual. Fíjese, por igual. Porque ustedes lo que están haciendo en aprovechar a los inmigrantes para hacer campaña, para presentarse como los "buenos", para erigirse sobre el bien y el mal, cuando están destrozando todo con el fin de inflar su puñetero EGO. Su táctica de ponerse por encima, de mirar a los ciudadanos por encima del hombro, espero que no le funcione. Lo malo es que la clase política está baja de gente con capacidad, está plagada de camarillas chupaculos y líderes sin escrúpulos.

domingo, 26 de abril de 2026

EFICACIA O LIMPIEZA DE CONCIENCIAS

Está claro que occidente ha fracasado en su política de colaboración y de incentivación del desarrollo a través del 0,7% y demás iniciativas. Puede ser que la ONGs hayan hecho lo que han podido, atendiendo directamente  y sobre el terreno, mediante captaciones de agua, colegios y otras iniciativas en distintos puntos; una actividad que, evidentemente, agradece la ciudadanía  Pero eso no significa que se logre el objetivo final que, obviamente, lleva su tiempo o bien hay situaciones que lo impiden.

¿Por qué se ha fracasado? Primero, el aumento de la inmigración hace pensar que las políticas de apoyo al desarrollo sólo han servido para alimentar regímenes indeseables. Segundo, las naciones a las que, supuestamente, ayudamos siguen sometidas y, muchas de ellas, en continuas guerrillas. Por tanto, podría preguntarse, qué estamos haciendo mal.

¿Qué es lo primero que dirían muchos occidentales ante tal afirmación? No se puede dejar de ayudar y se lanzarán a mencionar que es una barbaridad poner en duda todo lo que se ha hecho. Pero es que estamos de acuerdo: el caso está en cómo, porque no se trata de lavar nuestras conciencias, sino de ser eficaces. Hay que adentrarse en los análisis no sólo geopolíticos, que lo hacen los sesudos sin mucho éxito, por lo que hemos visto, sino de darse cuenta de los entornos, humanos, sociales, religiosos, culturales, tribales, etc; porque todo eso, y más, hay que tenerlo en cuenta y no soy yo la más adecuada que sólo miro, observo.

Pero no, nos empecinamos en que el dinero resuelve todos los problemas, pero el dinero choca con la burocracia, con gobiernos con otras preferencias, con miles de cuestiones que no nos hemos parado a pensar. Pero no, lo importante para occidente es dar dinero, con eso limpiamos nuestras conciencias y echamos la culpa al que primero pase por allí, en lugar de mirarnos el ombligo. El dinero no es siempre la solución, como lo estamos viendo ahora mismo en España donde la vivienda se ha vuelto inaccesible, hacen falta instrumentos eficaces para que ese dinero se convierta en desarrollo y mejoras sociales.

Ahora vemos a todas las ONGs organizadas para dar servicio a la regularización; también es cierto que para recibir las subvenciones tienen que presentar una hoja de servicios, podríamos llamarla así, y esa hoja de servicios la va a priorizar el Gobierno de turno. No discuto su labor, que me parece encomiable, discuto las prioridades, porque de eso andamos hablando.

También sería bueno que analizásemos en España otro hecho indiscutible: el aumento de los ciudadanos dependientes del ingreso mínimo vital no es una buena noticia, como se empeñan en presentarnos el gobierno; al contrario, quiere decir que algo no estamos haciendo bien.

domingo, 12 de abril de 2026

DESINCENTIVAR A LOS JÓVENES

Dicen que preguntarse es de sabios y, en estos últimos tiempos, me asalta la duda de si este gobierno quiere desincentivar a nuestros jóvenes a la hora de buscar empleo porque, de lo contrario, no encuentro otra explicación al galimatías administrativo en el que pueden meter a un joven que quiera buscarse la vida allende los mares, como se decía antes. Parece ser que este gobierno los quiere quietos en un sitio y para ello establece una paga de unos 400 euros una vez que hayas cotizado cierto tiempo.

Pero si eres de los de allende los mares, que quieren llenarse de experiencia, caminar de aquí para allá, aspirando los distintos aires y costumbres, viendo tierras, formas de vida y problemas, muchos problemas, a los que, en su deambular de la vida, se van a encontrar y que no quieren eludir porque siguen caminando e intentando, vas a ser de los que van a sufrir.

¿Qué se encuentran? Una administración ineficaz, inepta, necia e ignorante por triplicado; se encuentran delitos por doquier que no hubieran querido ver; se encuentran una hacienda que les persigue porque van concatenando contratos en distintas comunidades, además de alquileres desorbitados en la España vaciada que llaman y equiparables a cualquier ciudad. Unos alquileres que no pueden desgravarse porque hay que empadronarse en cada sitio y a ver quien se empadrona si vas con dos meses de contrato y un día de asunto propios no te lo dan con sólo un mes en activo. Y es que, quizás, a los dos o tres meses ya estás en otro sitio, con otro contrato porque no paras de buscarte la vida.

Luego me viene la pregunta, ante estos hechos conocidos, si te empadronas en un sitio cada vez ¿Dónde haces la declaración si, por un casual, pasas por una de esas Comunidades con Hacienda propia o con desgravaciones propias? Por ejemplo, si pasas dos meses en cada Comunidad donde la haces, a qué sistema o reducción te acoges?

Luego llegas a la conclusión que el Estado es una institución tradicional que no contempla la movilidad porque le molesta y es complicada, que te quiere en el cajón propio donde debes estar para tenerte controlado, aunque se le llene la boca de movilidad, lo mismo le da churras que merinas. La cuestión es meter la mano en el bolsillo del que está empeñado en trabajar, sencillamente, porque el que se queda quieto es más sencillo de manejar y de convencer ya que el que se mueve ve tantas cosas que aprende demasiado.

Como aprende que si andas trabajando de un lado para otro y se te tuerce un tobillo, no vayas a la sanidad pública diciendo que ha sido saliendo del trabajo porque el lío en el que acabas es de muy señor mío porque no estás empadronado donde debes y te mandan una carta que te van a cobrar la avería. Que la sanidad pública es de todos, salvo que, siendo español, no estés empadronado debidamente en la Comunidad que debes y que ya no sabes cuál es porque llevas pisadas unas cuantas.

Y así van creando una juventud que no cree en la democracia, que no quiere votar porque no sirve para nada, mientras alimentan a otra juventud que votarán por seguir como están.

Y los que han cotizado y siguen cotizando, se enroscarán en su rabia, maldecirán a todos, a unos y otros y sobre todo a nosotros, los mayores que hemos permitido, hemos dejado, que estos mercachifles hayan dejado nuestra democracia hecha añicos.

Por eso les digo: “malditos bastardos” “váyanse a la mierda”.

 

jueves, 26 de marzo de 2026

COMO MOSCAS A LA MIERDA

Vivimos una época en que la “mierda” está muy cotizada en el panorama político. No es algo baladí. Se puede comprobar cada vez que unos ciudadanos alzan la voz por algo que les molesta; cada vez nos molestan más cosas, estamos muy susceptibles y el otro, cualquiera que sea, se convierte en enemigo. Y así es como, cuando alguien alza la voz, allá que van los políticos a hacer campaña a favor o en contra y, de paso, despotricar hacia el contrario sobre lo que pasa o no pasa. Se posicionan rápido, sin pensar, sin analizar porque el razonamiento, en esta época de prisas, está sobrevalorado.

Y así nos encontramos con una situación en la que los derechos de unos coartan los derechos o libertades de otros.

Pero no importa, en otra ocasión ya irán corriendo a posicionarse en el lado contrario, dependiendo del color político del ayuntamiento o distrito o bien abanderaran palabras como libertad, derechos, igualdad, palabras que hoy en día parecen estar vacías de contenido de tan manidas que las tienen.

Hay protestas de todo tipo: para que no les pongan cerca la recogida de residuos afectando a los trabajadores; protestas por los vehículos que pasan por la carretera de vecinos que compraron viviendas al lado para un acceso rápido; protestas porque la gente celebra algo y no les dejan dormir en el centro de una ciudad; protestas por una obra que se va a ejecutar, sea cual sea su fin; protestas hay como conjuntos de población.

A este paso nos vemos condicionándonos unos a otros, mientras los políticos engrasan la mierda de todos sin darnos cuenta que hemos montado una sociedad de consumo en la que lo que tú quieres tiene un precio y ese precio se llama convivencia humana que ha dado paso a la guerra individual o de grupo, como antaño hicieron nuestros antepasados cavernícolas ¡Vamos bien!

domingo, 1 de marzo de 2026

EN EL METRO, UNA BOFETADA DE SOCIEDAD

Suelo leer en el metro los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, da tiempo; pero lo mismo que te da, te lo quita porque el metro es una bofetada de sociedad. Y he llegado a la conclusión que en ese medio tengo que ser mala, pero no me sale. En el metro actual, no siempre ha sido así, vemos, por ejemplo, en una cabecera de línea, cómo el individuo humano se lanza a la caza del asiento; pero ahí no acaba la cosa, porque la lucha sigue cuando hay algunos individuos que siguen luchando e increpando a aquellos que han empujado o han llegado los últimos, pero, a codazos, han logrado su preciado botín. Nunca participo en la lucha, yo observo. La lucha no termina ahí, ya que en el trayecto entran y salen individuos que buscan su espacio; en el metro todo el mundo busca su espacio, como en la vida, y se hace con él y lo retiene. Por ejemplo, el individuo que se sitúa en la puerta, no la suelta porque así entra y sale y siempre tiene su apoyo, su espacio; o bien, los que se ubican en el marco de la puerta como apoyo.  Luego están los sentados que no se mueven hasta que les toca, ves poca amabilidad, pero alguna hay. Ahí se produce otra lucha, la del asiento vacío que puede suponer algún que otro empujón.

No quiero marear, es una lucha de espacios; pero no sé cómo, yo nunca consigo ese espacio, yo me muevo. Me enseñaron inadecuadamente a dejar pasar, a dejar espacio a los demás, y es así como entro por un lado y acabo, dando tumbos, en el otro, aunque vuelven a entrar y me mueven de nuevo. He llegado a estar desconcertada y no saber por dónde debía salir. Por eso tengo que empezar a ser mala y luchar por mi espacio, el mío; ese espacio que voy a defender. Aunque hay otra lucha, tú llevas libro, pero te enfrentas a aquellos que sacan el móvil. Y allí están ellos dominando los vagones. Siempre acabo por recoger mi libro para no molestar cuando somos muchos, pero los móviles no desaparecen y eso me molesta, pero no digo nada; sigo con mi respeto.

Sin embargo, una empieza a pensar que el metro es un reflejo de nuestra sociedad, de esa España que ya no se escucha y que defiende su espacio como si realmente fuese únicamente suyo. La sangre española que se ha peleado siempre entre sí. Un día, en ese trasiego de me quito y voy un poco más allá para dejarte sitio, me encontré con una señora a la que había visto haciendo lo mismo que yo, acabando en el mismo lugar. Ella tampoco defendía su espacio. Por alguna razón hablamos, tenía un acento europeo, de similar edad y me dije, va a ser que hay que mezclar la sangre para no asaltar en la lucha por la supervivencia del espacio, sea físico o social.

jueves, 12 de febrero de 2026

ENJUICIAR LA HISTORIA DEL PUEBLO

 Hoy escuchamos posicionarse a muchas personas en relación a la guerra civil o a la presencia de España en América, como si todo el mundo tuviera la verdad de la historia; cual devotos de una religión, unos y otros, se enzarzan en un juicio sumarísimo, a favor o en contra; siempre asocian sus debates con los poderes del momento, sin pararse a pensar, olvidando, premeditadamente o no, a los ciudadanos que vivieron aquella época. No a los gobernantes, sino al pueblo. Se puede decir que del mismo modo que lo hacen hoy, encumbrándose en opiniones que al españolito de a pie le trae al pairo.

Olvidan a los hombres que se embarcaron en aquellos barcos sin saber a dónde iban, a lejanas tierras, con sólo el mar de resguardo, lejos, muy lejos de su tierra. Se introdujeron en mundos desconocidos, con fauna y flora que jamás habían visto; y, aún así, siguieron. Con el paso de años, algunos de esos ciudadanos empezaron a hacer su vida allí conviviendo con los indígenas. Pero de esos ciudadanos valientes nada dicen, de quienes realmente hicieron esas hazañas y establecieron instituciones educativas y sanitarias, dejando a familias en España, se cubre un tupido velo.

En la guerra civil también olvidan a aquellos que se vieron envueltos sin tener parte ni beneficio. Hombres y mujeres que no tenían bando, la mayoría, que, quizás, sólo intentaban vivir. Pero en España siempre hay quien quiere ganar el discurso porque siempre tenemos salvadores, por uno y otro bando.

Aquellos que se vieron envueltos en una guerra de unos contra otros: ideología, religión, reyes… ¡Qué más da! Mueren siempre los mismos. Mueren, incluso, de locos por el horror, por el dolor de ver cómo matan a su mejor amigo por ser de otro bando.

Y así seguimos en bandos, sin pensar como ciudadanos, alineándonos con quienes nos empujan a guerrear; porque son ellos los interesados, los que saldrán ganando las guerras o perdiéndolas, pero nosotros seremos los que paguemos sus guerras, como antaño, incluso con la vida.

sábado, 24 de enero de 2026

UN DILEMA DE PRINCIPIOS

Puede ser que haya quienes entiendan que no es un dilema y otros que lo tengan claro. No es mi caso. Mi perro Aníbal Lecter está enfermo porque su próstata interfiere en su intestino. Por ahora se puede intentar actuar, pero me han propuesto castrarlo, sea de una manera o de otra: química o definitiva. 

Yo estoy orgullosa de que mi perro esté entero, que sienta deseos de perra, que su naturaleza de cazador le llama a pillar lo que encuentre en sus paseos, que su territorio se esparza cada vez más (aunque yo me agote); en suma, que sea perro, un perro con dos cojones. 

No tiene raza, ni falta que le hace; es una mezcla, como han sido siempre los perros, y no como ahora que se comercializan en función de estatus. Ahora sólo los de raza exquisita tienen derecho a procrear, una discriminación como otra cualquiera. 

Algunos se plantearán que es mejor que tenga salud ¿Salud? ¿Se llama salud a quitarle lo que más le gusta y lo más natural? ¿Se llama salud a lo que es la esencia de la vida? Más o menos como nos dicen a nosotros en riesgos laborales: come sano, haz mucho ejercicio, no tengas vicios… ¡Vaya mierda de vida que nos queda, se nos va a hacer muy larga trabajando y cuidando! 

Al meollo del asunto. ¿Qué le pasa a mi perro? Simple: tiene hormonas a mansalva y no folla; así de claro. El problema de los perros es que no follan, simple y llanamente, y en lugar de que follen, como han hecho toda la “p…” vida, nos proponemos cambiar la naturaleza animal por el maldito control humano ¿Por qué? Porque ahora viven tanto y tan bien que hay más perros que niños; transmitimos a los perros nuestras leyes y yo no sé si estoy dispuesta. También son unos vendidos, los puñeteros. 

Al final yo me pregunto: qué querría él. Y yo me digo ¿y si le compro un desfogador de perros?