Está claro que occidente ha fracasado en su política de colaboración y de incentivación del desarrollo a través del 0,7% y demás iniciativas. Puede ser que la ONGs hayan hecho lo que han podido, atendiendo directamente y sobre el terreno, mediante captaciones de agua, colegios y otras iniciativas en distintos puntos; una actividad que, evidentemente, agradece la ciudadanía Pero eso no significa que se logre el objetivo final que, obviamente, lleva su tiempo o bien hay situaciones que lo impiden.
¿Por qué se ha fracasado? Primero, el aumento de la inmigración hace pensar que las políticas de apoyo al desarrollo sólo han servido para alimentar regímenes indeseables. Segundo, las naciones a las que, supuestamente, ayudamos siguen sometidas y, muchas de ellas, en continuas guerrillas. Por tanto, podría preguntarse, qué estamos haciendo mal.
¿Qué es lo primero que dirían
muchos occidentales ante tal afirmación? No se puede dejar de ayudar y se lanzarán a mencionar que es una barbaridad poner en duda todo lo que se ha hecho. Pero es que estamos
de acuerdo: el caso está en cómo, porque no se trata de lavar nuestras
conciencias, sino de ser eficaces. Hay que adentrarse en los análisis no sólo
geopolíticos, que lo hacen los sesudos sin mucho éxito, por lo que hemos visto,
sino de darse cuenta de los entornos, humanos, sociales, religiosos,
culturales, tribales, etc; porque todo eso, y más, hay que tenerlo en cuenta y no soy yo la más adecuada que sólo miro, observo.
Ahora vemos a todas las ONGs organizadas para dar servicio a la regularización; también es cierto que para recibir las subvenciones tienen que presentar una hoja de servicios, podríamos llamarla así, y esa hoja de servicios la va a priorizar el Gobierno de turno. No discuto su labor, que me parece encomiable, discuto las prioridades, porque de eso andamos hablando.
También sería bueno que
analizásemos en España otro hecho indiscutible: el aumento de los ciudadanos
dependientes del ingreso mínimo vital no es una buena noticia, como se empeñan
en presentarnos el gobierno; al contrario, quiere decir que algo no estamos
haciendo bien.

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