lunes, 18 de noviembre de 2019

LA ESCLAVITUD EN LA CARRETERA


 LA ESCLAVITUD EN LA CARRETERA

La normativa de registro horario no sirve al sector del transporte de mercancías. Su jornada llega a las 80 horas semanales.
Aunque el Decreto de Gobierno de marzo anunciaba un control de las horas para una mejora de mundo laboral, esto dista mucho de ser realidad en el mundo del transporte. De hecho el Decreto deja la puerta abierta para que los conductores de camión puedan estar 60 horas trabajando legalmente, 40 horas de conducción y 20 de presencia que no computan para ese control horario, aunque sí deberían entrar en el salario, pero no como horas extraordinarias.
La Ley les deja en 60 horas semanales, pero la realidad, además les lleva a estar realizando hasta 70/80 horas. Estamos hablando de personas que llevan un vehículo de grandes dimensiones, a veces, con remolque, lo que implica un plus de peligrosidad que no existe. Tampoco tienen el respeto de los demás conductores que los ven como una molestia y desconocen cómo han de comportarse ante las maniobras de estos grandes elefantes de las carreteras que necesitan invadir, a veces, el carril contrario, por ejemplo, en una rotonda.
Si a esas horas de trabajo añadimos un sueldo cada vez más exiguo, nos encontramos con una realidad palpable pero poco conocida y menos aireada por los medios: el cabreo generalizado de los chóferes. Mientras, la patronal se queja de que faltan profesionales.
Sin embargo, si echamos un vistazo a alguna página en Internet encontramos que en la Comunidad de Madrid hay 144 ofertas de empleo frente a 356 demandantes de empleo. No cuadra.

La Seguridad Social no ingresa todo lo que debiera, lo que redunda en perjuicio del trabajador
 
Las empresas no sólo piden todos los carnet, el CAP, tacógrafo, experiencia, idiomas, cursos, sino también cursos de carretilleros y grúas etc. Ser chófer de camión no parece que sea una profesión. Hay que ser mucho más.
Si hablamos de los sueldos, hemos encontrado que pueden rondar 1200 euros mes netos, 1.300 un repartidor en Madrid; otros ya no especifican, sino que ofertan sueldos brutos de 1.500/1.900 según considere la empresa la experiencia del trabajador.
Hay empresas que alquilan a los chóferes de camión. Quien contrata pone el camión y la empresa pone el chófer.
Y, por supuesto, hay mucho trabajo internacional, para lo que hay que saber algo de idiomas; algunos de esos trabajos internacionales sin segundo conductor. Encontramos, incluso un anuncio para conductores que quieran vivir en Alemania con un sueldo de 1.900 euros y el alojamiento en piso compartido te lo proporcionan por 100 euros.
Y ya no hablamos de las empresas que se afincan fuera y trabajan en España y otros recursos empresariales con los que podemos encontrarnos.

Rebelión

Por eso, el mundo del transporte quiere rebelarse contra las condiciones laborales que imperan en el sector, pero muy pocos quieren que se oiga su voz. Es un sector básico para el consumo y cualquier cambio puede suponer un aumento en los precios y una repercusión en los bolsillos. Sin embargo, son los gigantes de la carretera; mientras a todos los conductores se nos exige mayor responsabilidad al volante, quienes tienen en sus manos estas grandes máquinas exigen un mayor descanso para que la seguridad sea efectiva.
El problema de estos trabajadores es que se encuentran dispersos en diferentes secciones; hay autónomos, asalariados o con extrañas fórmulas que hacen pensar en falsos autónomos; suelen trabajar a bordo de un vehículo, camiones o furgonetas, y la mayor parte del tiempo solos. De ahí que difícilmente hayan podido unirse.
El Real Decreto-Ley 8/2019 para el registro de la Jornada laboral de nada ha servido a este sector.
Francisco LML es camionero, lleva 21 años en el transporte. Los 18 últimos años con la misma empresa y casi con la misma nómina. No duda en afirmar que a las empresas “no les interesa regular este trabajo porque saben que con 8/9 horas no llegamos a los sitios y no están dispuestas a pagar horas extra. Mejor explotarnos laboralmente con el permiso de todos”. Llega a hacer una media de 13 horas al día. Ahora ya no trabaja los fines de semana; sí lo ha hecho y esos días se pagaban como dietas, pero nunca se veían reflejadas en la nómina o lo hacían de forma que no computan. Denuncia irregularidades como la falta de una hoja de ruta, que es obligatoria, y que pocos la proporcionan.
Sus quejas no se quedan en comentarios entre compañeros. Han intentando contar con un delegado sindical, pero es muy complicado porque las empresas presionan con el despido o la eliminación de las dietas.
Porque la mayoría de empresas no cuentan con representantes sindicales elegidos por los trabajadores, a pesar de contar con más de 50 o 100 empleados.
La misma situación vive JPB de Madrid, soltero y sin hijos. Ha trabajado en el sector desde los 21 años y lleva 20 en la misma empresa; empresa adjudicataria de algún contrato público. Ha tenido que vivir muchas situaciones precarias en su profesión. Ahora tiene un contrato fijo pero, a veces, siente verdadera furia por la situación sin salida a la que se ven abocados: “trabajamos sin horario, sin calendario laboral; no sabemos si un festivo tenemos que trabajar hasta un día antes; individualmente he intentado hablar y hacer valer mis derechos, como es un calendario y unas jornadas acordes con una vida personal porque parece que vivimos únicamente para trabajar. Al final, si presionas lo pagas tú. Ellos tienen mecanismos para castigarte y presionarte hasta que claudicas. No hay nadie que te apoye. Tragamos y tragamos lo que nos echen, horas y horas. Yo he empezado a negarme porque empieza a ser una cuestión de seguridad y salud. Hay momentos en los que no estás seguro en tu propio vehículo”.
El no tiene hijos, pero piensa en las familias con niños que cobraron la paga de Navidad cuando ya se había acabado. La de julio llegó en noviembre.
Y esto se extiende a otras comunidades llamadas ricas. Ernesto C. D., camionero, confirma esta situación. Fue autónomo hace 40 años, lo dejó y desde hace dos años ha vuelto al sector. Trabaja en una empresa de Navarra, pero que subcontrata a una empresa de Sevilla para realizarlo.
Reconoce que se ha adelantado mucho en la maquinaria, en el camión, pero a nivel laboral se ha ido hacia atrás. Opina que lo que ocurre en España es el anticipo de lo que va pasar en toda Europa. La cuestión, según Ernesto, está en los costes del transporte y eso conduce a la situación laboral de los trabajadores: 14 horas diarias, mal pagados, sin calendario laboral, desprestigio profesional, persecución, trabajos que no son de su competencia….
Además, añade, “se firman convenios, se publican en el BOE y ya se piensa que eso es legal, cuando, en realidad, lo que pone atenta contra los trabajadores”. Por eso, opina como tantos otros, que los sindicatos están comprados.
Son chóferes profesionales, asegura, pero “cuando llegamos a ciertas empresas nos obligan a descargar; si no lo hacemos, nos expulsan para que no volvamos. Si se produce un accidente en esa descarga te sacan fuera para que no conste como tal”. Entre esas empresas hay algunas punteras a nivel nacional.

No sólo descargas, también, en muchas ocasiones, les exigen que fijen la carga. La estiba de carga estaba regulada por una normativa, pero había ciertas lagunas sobre la responsabilidad de esa tarea y, en muchas ocasiones, se establecía la costumbre como Ley; el chófer se veía obligado a hacerlo. Sin embargo, ante esta situación, la DGT vino en su ayuda aclarando que la responsabilidad era del cargador, no del transportista.
Ernesto apunta que uno de los cuerpos más comprensivos, desde su punto de vista, “ha sido la Guardia Civil, pues saben de la situación que estamos viviendo. También viven la precariedad”.
Aún existen más complicaciones porque no es sólo disperso, sino heterogéneo, lo que conlleva que se les aplique distintos convenios al arbitrio de las empresas. Por ejemplo, empresas de hormigoneras pueden tener a sus trabajadores o bien bajo el convenio de la construcción, mucho más ventajoso para ellos con más vacaciones y fines de semana, o dentro del sector del transporte que es, como hemos comprobado, mucho peor.

Trabajadores de distintos puntos de España con la misma problemática.
Sin embargo, este año ha surgido la Asociación Unión y Fuerza que quiere aglutinar el descontento que, individualmente, impera en todos ellos. Liderada por Jose Maria Couñago, este gallego de 45 años con 22 de experiencia en el sector encabeza el cabreo ante el maltrato y la vulneración de sus derechos. Una Asociación cuya vicepresidenta es una mujer.
Son muchas las exigencias de esta Asociación porque las empresas, comenta Couñago están jugando con la legislación y se lo permiten. De hecho hay una regulación del Transporte (Rott) en referencia al tacógrafo que establece las pausas que se deben realizar en el camión; esa es la referencia para las empresas, dejando de lado el convenio laboral del trabajador que debería realizar 9 horas. Al final son muchos los que pueden estar realizando entre 70/80 horas semanales frente a las 40 de las que se habla en la regulación laboral. Por otra parte, está la denominada disponibilidad, lo que conduce a que los camioneros puedan tener sólo 9 horas de descanso entre jornada y jornada.
Uno de los hechos que más resalta Couñago es el desprecio con el que se trata a estos profesionales de la carretera: horas interminables de espera para cargar o descargar, a lo que se añade situaciones en las que no se les ofrece un lugar de aseo o descanso. Horas que no cuentan para las empresas, ya que se rigen por el tacógrafo. Horas y horas que supondrían una pérdida de productividad si no fuera porque, como afirma este gallego “somos nosotros los que ponemos las soluciones a los problemas que se generan en la organización de las cargas y los que pagamos con nuestra horas no cobradas”. Porque son ellos los que vigilan su carga y duermen intranquilos en las carreteras.
Y tienen que trabajar así porque afirma “las amenazas son constantes. Si no cumples con el horario pueden señalarte diciendo que allí no vuelves a cargar; lo mismo le ocurre al pequeño empresario que se ve ahogado por las grandes empresas que les exigen cumplir los servicios a precios bajos”
Desmienten la necesidad de conductores afirmando que lo que se busca es trabajadores baratos venidos de otros países sin la cualificación necesaria, lo cual es un riesgo en la carretera. Reclaman el reconocimiento de su profesionalidad.
En cuanto a la falta de representación sindical en las empresas afirma que es casi imposible porque “o los sobornan o los amargan”. Los sindicatos llegan a convenios con la patronal, pero no se cumplen. Por eso “Unión y Fuerza” quiere ubicarse fuera de las empresas, ser una Asociación que no tenga relación con ellas para no sufrir ninguna presión.
Los trabajadores no suelen denunciar a las empresas porque son procesos largos, lentos y sin ninguna garantía, a pesar de que las horas estén registradas; además, supone perder prestigio laboral frente a otros posibles contratos.
Ellos tienen claro que los chóferes están regalando horas: horas de espera, descargando como en algún gran supermercado. A ello se suma la relación con los agentes de tráfico. La Asociación considera que podrían ayudarles investigando el tiempo que lleva un chófer en el camión en lugar de perseguirles por cualquier otra cosa: “entendemos que es una cuestión de seguridad, pero, a veces, parecemos el cajero automático del Estado”.
Son muchas las situaciones irregulares que se dan en esta profesión: furgonetas sin tacógrafo, que hacen kilómetros y kilómetros sin descanso, empresas que tienen los camiones como almacenes; subcontrataciones y pagos a 60 días a las pequeñas empresas autónomas que son las que dan empleo. Y, por supuesto, pocas o ninguna inspección de trabajo.
También la posibilidad de acabar incriminados. Hemos visto dentro de los remolques personas que intentan introducirse en un país y, en muchas ocasiones, el propio chófer ni siquiera se ha percatado.
No sólo las empresas tienen en poca estima a estos trabajadores; cualquiera de nosotros ve en ellos un inconveniente: protestamos, gritamos, sin tener en cuenta la máquina tan complicada que están manejando.

Y qué dicen los sindicatos al respecto?

Los sindicatos están de acuerdo en las dificultades de unificar este sector y hacer valer sus derechos. Luis Aunión de Comisiones Obreras del sur de Madrid, señala que con la cantidad de autónomos, más la externalización de los servicios, hace que sea casi imposible la representación sindical. “Hay mucho malestar, reconocen, porque lo principal para llevar las reclamaciones es que estén unidos en una representación. Sin embargo, esto es complicado”; y este sindicato lo reconoce. Aquellos que lo pretenden tienen que hacerlo sigilosamente, pensando bien con quien hablar para que no los delaten. Las empresas presentan a sus propios representantes, que son gente de confianza, y si no tienen la mitad más uno, no puedes hacer nada. La búsqueda de apoyos puede conllevar que alguien denuncie con el objetivo de ganar puntos con la dirección. Al final, para esa persona que intenta mejorar la situación laboral  le llegan las represalias en forma, habitualmente, de despido.
Por su parte, Manuel Gómez, de UGT transportes de Navarra reconoce las dificultades del sector, sin dejar de lado las diferencias entre los convenios de cada Comunidad; añade el hecho de que dentro de estos convenios de transporte entra también el personal de logística, administración, talleres etc. En Navarra el convenio está sin renovar desde 2008; a pesar de todo es mucho más ventajoso que cualquier otro, ya que frente a las 1826 horas anuales  de la mayoría, Navarra cuenta con 1746 horas. Otra cosa es que eso se cumpla.
Afirma que más del 50% de las empresas de esta Comunidad tiene representación. Sin embargo, eso no implica que se cumplan todos los puntos de un convenio. “Hay un grupo de empresas donde la propia empresa  anima a convocar  elecciones, sale un delegado y al mes sale publicado un convenio con unas rebajas en el contenido muy a la baja, incluso de más del 20% del salario”. Pero dentro de este mundo, señala, hay de todo.
En cuanto al tema económico, reconoce la precariedad de lo salarios, sobre todo, en relación el tiempo que un chófer dedica al trabajo “los chóferes hacen muchísimas horas, pero está muy regulado, hay muchas leyes que les afectan, por ejemplo, la de transportes con el tacógrafo digital que establece las horas de conducción y descanso. Pero qué pasa: el trabajador y la empresa llegan a un acuerdo y lo utilizan torticeramente. El tacógrafo no lo puedes manipular, tiene cuatro posturas: conducción, otras tareas (gasolina, papeles, carga); espera (cuando se está a disposición sin labor por ejemplo la espera de la descarga) y la última descanso. Muchos trabajadores, la mayoría obligados por la empresa, cuando se debe poner en otros trabajos, lo colocan enen descanso. La Ley regula todo eso. La conducción es lo que es, el tiempo que estás conduciendo, pero el real decreto que regula las jornadas en este sector señala que a parte de las 40 horas de trabajo efectivo, se pueden añadir otras 20 horas de presencia a la semana, las horas de espera a disposición de la empresa. Es decir, en este sector la jornada semanal es de 60 horas. Esas horas computan como jornada salarial, aunque no como extra”.
Esto conlleva que sea muy complicado organizar y controlar todo lo que ocurre. A ello se une las arbitrariedades contractuales y cómo cada cual maneje lo que tiene entre manos. “Lo bueno es que el trabajador maneje bien el tacógrafo y si tiene que esperar poner el tacógrafo en descanso. Si pone presencia, es jornada, pero si pone descanso puede conducir más horas. Lo que ocurre es que, aunque en el convenio no lo pone, hay empresas que llegan a un acuerdo de pago por kilómetro recorrido y hay trabajadores que para ganar un sueldo adecuado hacen más horas de conducción”.
En cuanto al descontento de los trabajadores Gómez asegura que “nosotros hacemos los que podemos, si los trabajadores no son capaces de que las empresas lo cumplan, nosotros no podemos hacer nada. Nosotros negociamos los convenios. Es necesario que se pongan de acuerdo para hacer fuerza”.
Sobre la falta de chóferes está de acuerdo que hay falta de chóferes y se traen del Este y abaratan los precios. Su capacitación es la misma porque el Cap es para toda Europa.
En cuanto a la responsabilidad de la carga y la estiba afirma que depende de la carga y la actividad, “no se puede generalizar, pues es un sector muy diverso y depende del tipo de empresa y carga”
En cuanto a la pérdida de productividad que supone el hecho de las esperas en los puntos de carga y descarga Gómez deja claro que “a las grandes empresas receptoras les importa poco, puesto que, como siempre, es el trabajador el que más va a perder, además de las pequeñas empresas dependientes de ellas”.

LAS EMPRESAS


En 2018  la Patronal del sector sentenció: faltan 15.000 camioneros en España. Y no hay recambio a pesar de las ofertas de empleo. “Tenemos tres millones de parados y ninguno quiere subirse a un camión”. Así lo resumió el presidente de la Patronal Astic. Entre las soluciones que aportó estuvo la de importar conductores extranjeros, sobre todo de Sudamérica donde al parecer hay excedente de operarios.
En cambio, Congelados de Navarra es una de las grandes empresas de Navarra. Tiene una flota propia de 13 camiones cuyos conductores duermen siempre en casa, hacen sus horas según convenio porque sus rutas son cortas, de unos 40 kilómetros, conectando las empresas del grupo entre Fustiñana y Arguedas. Pero sus rutas internacionales son subcontratadas con otras empresas; eso ya no lo tienen controlado. Evidentemente, hay mucha competencia, afirma Javier Castillejo, jefe de ventas. Trabajan con varias empresas internacionales, pero reconoce que no faltan chóferes de camión para rutas que impliquen dormir en casa, sino para aquellas rutas que supongan salir y no volver en más de una semana.
Transportes Molinero en 2018 anunció que se traía a más de 90 conductores de Colombia. Ofrecía muchos otros puestos, debido a la falta de atractivo de la propia comarca de Soria. Sin embargo, el carnet colombiano no es igual que el español, tienen que hacer un nuevo examen para conducir un camión, no así otros vehículos. Las exigencias europeas son mayores. Y sin embargo,  el 3 de octubre de 2019 se da a conocer una carta de un chófer a Molinero Logística: solo pido un trabajo, mi hijo tiene la mala costumbre de comer tres veces al día. Era español, pero con poca experiencia. No le habían dado la oportunidad (publicado en foro transportes).
Sin embargo, hay otras empresas que apuestan por otras políticas. El propio Foro realizó una encuesta porque reconocía en su página que “encontrar trabajo en una buena empresa de transporte, que cumpla con las expectativas de los trabajadores, no es tarea fácil. Existen infinidad de ellas que no cumplen el convenio, abusan de sus empleados, no cumplen con las fechas de pago, e incluso con los honorarios. En muchos casos, los conductores profesionales, echan en falta un trato humano. Durante dos encuestas realizadas en una página y un multitudinario grupo de conductores activos en redes sociales, aparecen las empresas que calificaron como las más humanas y valoradas por los trabajadores para pertenecer a sus plantillas. Dos destacan frente a todas las demás: Acotral y Agustín Fuentes e Hijos, muy por encima de todas las demás debido a su trato con los trabajadores

ACOTRAL


Tiene un convenio propio que supone una subida del IPC más el 1%. Desde 2018 a 2020. El salario base estaba tan bajo que admitió subirlo. Su gerente, Borja de Torres señaló, en su día a Ana Samboal del Diario de La Provincia (Diario de Las Palmas, el 28 de octubre de 2019) “Pedimos a los políticos que tomen decisiones y cuando las toman, nos quejamos… Es difícil que llueva a gusto de todos, a algunos les ha afectado mucho esta subida, pero creo que había que hacerla. En cuanto al marco regulatorio general, cuando tengo la oportunidad de hablar con personas relevantes de la Administración siempre les digo: gastad más dinero en comprobar que las leyes se aplican antes que hacer leyes nuevas. Hay empresas que lo hacen muy mal y debilitan el mercado, pero nadie les inspecciona. La regulación va muy por detrás de la realidad. En nuestra actividad, hemos tenido empresas buzón creadas para pagar bajos salarios. Ahora se empieza a hacer algo contra ellas, pero hemos tardado más de diez años en ver el efecto de todo esto. En diez años se destruyen empresas. No somos un sector querido, no damos votos. Muchas veces, en broma, decimos: las mercancías no dan votos, los pasajeros sí. Nos sentimos olvidados”.
Pero, aunque parezca perfecto, no es oro todo lo que reluce, ya que también hay problemas en este aspecto. Hay denuncias que apuntan que las nóminas se engordan en base a las dietas que no cotizan, de forma que el salario base sigue siendo bajo, aunque lo que cobra el trabajador es un sueldo digno. Pero eso no aporta nada a la sociedad, ni a la jubilación del propio trabajador


Nuevas polémicas


Desde el pasado mes de febrero cualquier persona que quiera orientar su futuro profesional hacia el sector del transporte tiene que chequear antes su currículum académico. El nuevo Reglamento de Ordenación de Transportes Terrestres (ROTT) impulsado por el Ministerio de Fomento ha establecido que todos los aspirantes a obtener el certificado de competencia profesional que habilita para ejercer la profesión de transportista por carretera tengan que acreditar previamente la posesión del título de Bachiller, Técnico Superior o equivalente para poder siquiera presentarse al examen que da acceso a ese certificado profesional, lo que cierra muchas puertas en vistas de cómo están las condiciones del sector.

Chóferes que son el eslabón de la cadena de consumo. Ante la subida de precios de los carburantes, las mejoras necesarias en los vehículos, la rapidez, los sistemas just in time, etc, quien paga los costes son, como viene siendo habitual, el trabajador.





.









viernes, 3 de mayo de 2019

ALGO FALTA EN NAVARRA

Faltan 23 días para las nuevas elecciones y me temo que volveremos a escuchar en Navarra la misma retahíla de siempre: Foralidad, tren de Alta Velocidad y Canal de Navarra. Cuestiones que, curiosamente, son las señas de identidad tanto de UPN y, supongo que Navarra Suma, y el PSN. Este último ya lo dejó caer en una entrevista a su candidato a Diputado, Santos Cerdán, en Cadena Ser Pamplona. Luego intentaran marcar distancias en cuanto a temas como la educación, sanidad o servicios sociales.

Por mi parte, lamento esos temas bandera porque no veo que marquen un futuro claro para muchos ciudadanos, una apuesta más contundente por sectores con mayor valor añadido. Sobre todo, lo lamento porque nunca ha existido un debate claro sobre estas cuestiones, salvo las máximas repetidas de futuro.

El tren de alta velocidad quizá sirva para que los jóvenes se marchen más rápidamente de Navarra o tengan la posibilidad de visitar a sus familiares de forma más rápida. Entiendo que apostar por el ferrocarril como alternativa al transporte de mercancías es una buena opción. Pero yo intento ir más allá y preguntarme qué mercancías: automóvil y productos agrarios y transformados. Es decir, lo de siempre. Navarra no mira por desarrollar nuevos sectores desde donde se diversifique el tejido industrial o tecnológico.

Por su parte, el Canal de Navarra tampoco ha sido objeto de debate en estos partidos puesto que consideran que, por sí mismo, es la panacea. Y sí, el Canal es necesario, como así lo reconoce la Ley de Aguas, para dotar a la Ribera de un agua de calidad, pero podría replantearse el proyecto, teniendo en cuenta la inversión necesaria, que recae sobre los propios agricultores que tendrán que pagar la infraestructura y su mantenimiento y el cómo repercutirá esto en el precio final de los productos.

No me gusta cuando se hurtan los debates en base a las máximas de a favor o en contra. Hay matices, pero aquí no cuentan.

viernes, 11 de enero de 2019

LA DERIVA SINDICAL HACIA LOS DESPACHOS

Los sindicatos, al igual que los partidos políticos, son necesarios, esenciales en nuestra sociedad democrática. Aunque ya se ha dicho hasta la saciedad, se han burocratizado, se han convertido en organizaciones de despacho que olvidan bajar a pelear en el barro, a visualizar los entresijos laborales a los que se ven enfrentados los trabajadores y, menos aún, los que han dejado de serlo. Cierto que determinadas reformas les han afectado negativamente, pero eso no es obstáculo para llevar a cabo su labor que es estar al lado del trabajador. Hay unos pocos que lo hacen.

Últimamente, se prodigan poco en movilizaciones. Puntuales sí, dentro de grandes empresas. Hay quienes llegan a recibir comunicados sobre logros y pretensiones, que suelen estar alejadas de la dura realidad laboral de la mayoría. Los sindicatos se han convertido en negociadores de despacho; se sienten a gusto en la Administración y en grandes empresas que siguen las normas laborales, pero poco o nada hacen en relación con las empresas en las que los representantes sindicales son los afines al jefe; en los sectores no unificados, por ejemplo, transportistas, hostelería… y hasta en la propia administración pecan de ignorancia porque no se molestan en informarse.

Esa es la burocratización, no se informan, conocen la teoría, pero no la practica. Como en política, como en la propia Administración, las decisiones se toman en los despachos y cuando llegan donde tienen que llegar son ineficaces o, incluso, provocan más problemas de los que intentaron solventar.

Hoy en día muchos trabajadores tienen que enfrentarse a problemas laborales como retrasos en el pago de sus nóminas u horarios ampliados, por poner los más sangrantes, en los que, muchas veces, son ellos los que tienen que arriesgarse. Aquellos afiliados que ven incumplidos sus derechos acuden a su sindicato y, en muchas ocasiones, lo único que obtienen es la ratificación de que están en su derecho de reclamar. Luego van a su empresa y reclaman y ahí se queda el asunto, porque la empresa no hace nada y el sindicato ya ha hecho todo lo que su grado de burocratización implica. Así que sólo unos pocos se atreven a plantar cara, aún a riesgo de represalias. Los demás agachan la cabeza.

Conozco casos de rebeldía que no han llegado a nada y conozco casos, uno en Navarra, donde un afiliado a Comisiones Obreras durante más de 10 años tuvo un problema y la respuesta del sindicato ha sido nula. En dicho caso, el trabajador había prestado servicio en la Administración Foral como interino en varios departamentos durante más de 10 años, con gran satisfacción por parte de sus jefes. En su último puesto, su plaza fue ocupada, pero nunca más le llamaron, porque fue eliminado o eludido de las listas. Ocurrió hacia el 2013, durante la época de UPN. Con el cuatripartito volvieron a llamarle; habían pasado cuatro años, una depresión y una enfermedad derivada de la misma. En el segundo puesto donde estuvo trabajando fue despedido de malas formas por supuestas causas sobrevenidas, curiosamente por una Directora de Salud Mental. No sólo fue despedido, sino que éstas se encargó de que le eliminasen de la listas.
Tras acudir a su sindicato, la respuesta del mismo ha sido nula. No contestan.

Por tanto, no debe extrañarles a los sindicatos que los trabajadores opinen que están para recabar los votos dentro de los sectores de empresas instauradas, bien calificadas. Porque los problemas más sangrantes y complicados parece que les superan.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

LA PRIVATIZACIÓN DE LA SOLIDARIDAD

Cuando se habla de subir impuestos o de establecer nuevos baremos en cuanto a las pensiones, la solidaridad, base de una sociedad que aspira a un Estado de Bienestar global, se tambalea.

Porque la solidaridad social no va de la mano de la solidaridad individual. Un individuo puede ser solidario en su faceta individual y cerrarse cuando se habla de solidaridad social.

Son actitudes que estamos viendo en el desarrollo de los países occidentales. Y es que la solidaridad, desde el punto de vista individual, ha aparcado lo social, para caer, en cierta forma, en una especie de caridad con la que el individuo se siente bien consigo mismo, ve más de cerca los resultados y quiere ser protagonista de los mismos. Como decía Bourdieu “el beneficio fundamental que uno encuentra en servir de ejemplo radica en sentirse ejemplar”

Nos encontramos con esas desviaciones de la solidaridad cuando escuchamos a personas preguntarse por qué tienen que aportar más quienes más tienen si se lo han ganado con esfuerzo y, quizás, con riesgo a la hora de invertir. Añaden que pocas veces acuden a la sanidad o educación pública, pueden vivir sin ella. Evidentemente, su argumento es correcto; pero olvidan, como es lógico, tener en cuenta otras variables existentes en una vida social. Y es que el éxito de una empresa no sólo depende de uno mismo, sino de otros muchos factores, entre los que se encuentran los otros, la suerte, las influencias, la oportunidad, hasta, incluso, pongámonos un poco sarcásticos, dar con el corrupto adecuado (esto es una licencia). Quienes triunfan no tienen en cuenta que han dejado atrás a mucha gente que, quizás, hubiese hecho mejor las cosas, pero que no han tenido la suerte, la confianza de la sociedad. Ellos, los triunfadores, dependen de nosotros, los ciudadanos que los hemos hecho triunfar y si esos ciudadanos están enfermos o descontentos, quizás dejen de confiar en ellos. Del mismo modo, que un médico, un ingeniero, un titulado tiene detrás a un montón de gente que con su esfuerzo en el trabajo y en sus cotizaciones ha permitido que se formase en Universidades y obtuviese becas. Pero, lo olvidamos ante nuestro triunfo individual.

Pasa lo mismo en cuanto al establecimiento de las pensiones y los baremos. En muchas ocasiones, hay quienes apuntan que no es lo mismo haber cotizado 15 años que 40. Olvidan también las circunstancias especiales que pueden rodear a muchas personas y familias. Olvidan que durante años la mujer no accedió al mercado laboral porque su papel era otro; menos mal que llegaron las pensiones no contributivas con los socialistas. Hoy hemos avanzado, pero todavía quedan otros factores que continúan influyendo en estas cotizaciones. Los mismos, casi, que cuando se habla de impuestos: puede influir las cuestiones familiares, la suerte, las influencias, la formación, el momento económico en el que te toca acceder al mercado laboral, cuestiones que pueden verse como menores (un mal profesor) pueden dar al traste con tus expectativas futuras y tus elecciones. Tampoco tienen en cuenta a aquellos que han cotizado y no han llegado al mínimo por un año, por ejemplo; o a aquellos que cotizaron y nunca llegaron a disfrutar de esa cotización porque se quedaron en el camino. Eso va a la bolsa de los demás. Olvidos y más olvidos dentro de nuestra esfera individual, siempre pensando de una forma divergente.

Porque lo público ha quedado desprestigiado. Quien se ha encargado de ello bien lo sabe y no sólo son de derechas. De hecho, hoy se establecen iniciativas ciudadanas sustituyendo a lo público para ayudar a las personas, por ejemplo, comedores sociales en los que colabora gente, cerrando el servicio social público. Esto deriva en una mentalidad en la que lo público es ineficaz y que somos nosotros, desde nuestra esfera individual, quienes debemos aportar. Si sólo nosotros, desde nuestra esfera individual somos los protagonistas, los ejemplares, de ahí a pensar que lo público no funciona va un pequeño camino; el mismo que para considerar que para qué vamos a aportar al erario público.

Deberíamos dar una vuelta a nuestras consideraciones. Bien es cierto que la corrupción ha hecho mella en este aspecto, pero eso no deslegitima el valor intrínseco de lo público, el bien social, el apoyo mutuo, sin protagonismo alguno. Ese es más meritorio que cualquier otro; ése que se hace callando, ése que no dice “yo colaboro”, sino que lo hace porque entiende que lo debe a esa sociedad que está ahí recibiendo y aportando a ti y a los demás.

lunes, 3 de septiembre de 2018

LAS BUENAS MUJERES

Ante el ambiente de buenismo mujeril que predomina hoy, me vienen a la cabeza algunas apreciaciones. Cuando hablamos de sexo en la sociedad solemos dejar de lado aspectos antropológicos y biológicos. No debería ser así porque éstos han influido en cómo nos hemos desarrollado socialmente. Desmond Morris apuntaba como hipótesis la pérdida del celo en la mujer como una de las claves en el desarrollo de las relaciones macho-hembra humanos: esa pérdida supuso la protección de la mujer por parte del hombre en momentos de riesgo. Ese riesgo no proviene de su debilidad, sino de la biología: portamos la descendencia, amamantamos…
Era necesario establecer algún tipo de relación para la supervivencia como especie. Así podríamos tomar la perspectiva de que el sexo es una necesidad para la especie como lo es comer o beber. Hoy comercializamos con nuestras necesidades básicas: compramos comida y agua ¿Por qué, entonces, nos alarmamos si compramos sexo? ¿Por qué los trabajadores que comercian con algo tan esencial como la comida y  el agua están sindicados y son bien vistos?
Otro aspecto antropológico es que, en la mayoría de las ocasiones, en la naturaleza, la hembra decide con qué macho se queda. Suele ser el más fuerte; por supuesto, también la hembra más adecuada para la procreación será la más solicitada. El hecho de que la hembra decida, no entramos en cuestiones delictivas, supone una ventaja, pues tiene más fácil el acceso a una necesidad como es el sexo; el macho espera o lucha. Esa es, me aventuro de decir, una posible razón de que haya habido más putas que putos.
El sexo en el mundo animal se entiende, sobre todo, como supervivencia de la especie; aunque algunos observadores apuntan cierta tendencia al placer en algunas especies. Sin embargo, en el humano las relaciones macho-hembra se han desarrollado de otro modo; en ellas han influido aspectos sociales, culturales o religiosos, éstos últimos los más duros con la mujer, quizás por su facilidad para acceder al sexo. Además, incluimos un sentimiento nacido, quizás, de esos lazos de protección: el amor.
Ciertas culturas comercializan con estas relaciones. De hecho, conocemos muy bien cómo algunas entregan a sus hijas menores a señores mayores restableciendo ese vínculo arcaico de protección que, hoy en día, la mujer ya no necesita, puesto que la sociedad es la que protege a los individuos.
De hecho, consideramos estas prácticas como una aberración; y lo es en tanto que no es la mujer laque decide, sino una tradición, una cultura que se cierne sobre el individuo y lo encarcela.
Avanzando un poco más, la hembra humana ha utilizado esa ventaja que la naturaleza de ha otorgado. La mujer no es siempre un ser dulce, delicado el que se aprovecha el hombre en su beneficio. Olvidamos cómo la mujer utiliza su condición, por ejemplo, para conquistar al hombre con la cartera llena, aunque no de la talla para una mejora de la especie y su supervivencia. En suma, decide quién la va a proteger mejor económicamente, comercia con su sexo. Cierto que luego se viste la relación con la belleza interior del susodicho macho. Incluso la propia sociedad ha tratado al hombre como un objeto cuando lo ha considerado como un buen partido. Es decir, incluimos valores económicos en nuestros juicios sobre las personas.
Hay mujeres, suelen ser las más agraciadas, que no han mostrado ningún recelo a la hora de utilizar su sexo para lograr ciertos objetivos sociales o laborales; cierto que, ahora, generalizamos nuestra opinión señalando que es un abuso contra la mujer; aunque no creo que la aspirante menos agraciada opine del mismo modo.
Actualmente, las mujeres intentamos liberarnos de muchos condicionamientos y tabúes teñidos de culpa. Pero todavía seguimos pensando que el sexo es cosa de hombre, cuando puede entenderse como una necesidad. Casi sacralizamos nuestro sexo.
Sin embargo, en esta evolución social del sexo, el acceso de la mujer al mundo laboral ha propiciado que algunas no logren ese acceso inmediato a la satisfacción de una necesidad. No pueden decidir en el entorno social porque son mujeres que han priorizado su estatus económico y profesional sobre el personal o de la especie. Lo han decidido así; pero ese mismo estatus propicia que puedan acceder al mercado del sexo, que puedan comprar su satisfacción. Quizás debamos acostumbrarnos a ello. No considero criticable esta opción. A veces introducimos valoraciones de clase en este aspecto. Pero las mujeres de estratos sociales de base  tienen acceso rápido al sexo  si así lo desean y sin contraprestación económica.
Pero como la conciencia social puritana está todavía presente en nuestras mentes, algunas le dan la vuelta a la tortilla y en lugar de aceptar que quieren sexo señalan que el tío macizorro que se trincaron tan fácilmente las engañó y estafó.
Nos volvemos a sentir víctimas, sexo débil, en lugar de mujeres, hembras que deciden, que actúan, que saben lo que desean.
La prostitución, como la entendemos hoy en día, no es el único lugar donde se comercia con sexo; siempre ha habido matrimonios interesados que hemos vestido socialmente porque es una relación formal. Juzgamos a quienes utilizan estos servicios y generalizamos señalando que son personas que van a hacer sufrir a quien compran el servicio; evidentemente, existen, pero no todos. Hay casos en los que han surgido matrimonios a través de la prostitución. Quizás una buena regulación de los servicios quizás aportara una mejora para los trabajadores.
A la hora de hablar de prostitución deberíamos abordar muchos más aspectos, destapar cuestiones, valoraciones provenientes de una evolución social y tradicional. Queda mucho por hablar. Pero, la hembra humana tiene que empezar a interiorizar que el sexo no es cosa de hombres, sino de la especie, y que no es culpable por sentir necesidad del mismo. Cuando lo haga, habrá dado un gran paso en su liberación interior.

miércoles, 4 de julio de 2018

PEDRIGRÍ HUMANO

Un amigo mío, que suele hacerme preguntas para derretirme el cerebro, me lanzó una cuestión un día que andábamos observando la actitud de los perros para intentar explicarnos cosas: ¿los humanos tienen pedigrí? me espetó. Y claro, la cuestión se las trae porque si lo interpretamos como lo hacemos con los animales la cosa tiene miga.
Vaya por delante que ni soy zoóloga, ni veterinaria, ni pretendo serlo. Sólo son apreciaciones sobre el mundo que nos rodea, con alguna pequeña pizca de conocimientos ambientales. Un animal con pedigrí es, digamos, de pura raza; pero para ello suelen cruzarse entre los propios de su raza y, si no hay demasiados, lo que ocurre es que tendrás un perro con pedigrí, pero con una genética algo repetitiva, endogámica y, por tanto, pobre en las sucesivas generaciones. Esto es así en la naturaleza; de hecho, actualmente, se está intentando que las comunidades de animales salvajes no queden aisladas para que no se vaya degradando la especie. Ejemplo es la comunidad de osos en Asturias. Hay dos zonas, pero están separadas por el hombre y se espera que, un día, puedan mezclarse.

De hecho, se reconoce que los perros sin pedigrí o chuchos suelen ser perros más fuertes: se van mezclando unos con otros, no tienen en cuenta razas, ni características físicas, ni nada de nada. Prima el aquí te pillo, aquí te mato, la Ley natural de la procreación. Lo de las razas es asunto nuestro, no de ellos. Claro que entre los animales salvajes quien procrea suele ser el más fuerte y el genéticamente superior, ya que sus únicas armas para sobrevivir suele ser una buena genética. Son asuntos distintos: una cosa es la mezcla de comunidades y otra quién prima dentro de esas comunidades.

Bien. En este punto traslademos la cuestión a lo humano, como animales que somos, en realidad.

Empecemos por la mezcla. Y he aquí las preguntas: ¿es mejor que nos mezclemos? ¿O preferimos tener pedigrí aún a costa de, quizás, posibles deterioros genéticos?

Cuando apelamos a la raza, como algunos hacen, ¿lo han pensado bien? Cada cual que haga sus propias reflexiones. El mundo animal siempre nos da ciertas pistas.

Yo por lo pronto me declaro humana sin pedigrí. Una chucha con mezcla Normanda, Navarra y quién sabe cuántas cosas más.

Ahí lo dejo.

jueves, 7 de junio de 2018

SEÑALES Y AUSENCIA DE RESPUESTA

Los seres humanos interactuamos, somos sociales y necesitamos emitir señales entre los que se encuentran los sistemas primarios de mensajes, sin llegar al lenguaje, pero que se han ido desarrollando como en un complejo acuerdo social sobre el significado de las mismas, aunque puede conducir a equívocos. Unos mensajes, a través de señales, que suelen más comunes entre culturas y que varían de unas a otras.


Hoy, a tenor del movimiento en contra de ciertos hábitos femeninos y masculinos, estamos entrando en una dinámica que nos puede llevar a una mayor confusión.

Los seres humanos siempre hemos utilizado nuestro cuerpo para enviar mensajes sean territoriales, sexuales, jerárquicos, de temporalidad…que nos constriñen, pero que son necesarios incluso para rebelarse contra ellos, pero sin eliminarlos, sino modificándolos.

Buscamos el contacto y nuestra definición previa hacia el otro. Hemos establecido formas de relación como estrecharse la mano o la definición de nuestro sexo.

La ropa ha sido un elemento esencial: ha sido utilizada para señalizar emociones, orgullo..; por ejemplo, en la mujer señala la parte del cuerpo de la que se siente más orgullosa. Los elementos ha evolucionado conforme a la libertad. La falda fue reduciéndose a medida que la libertad sexual fue aumentando o los escotes ampliándose. Y esa señal, evidentemente, espera una respuesta que no es otra que la mirada del otro. Las señales se producen con un objetivo, significar.

Ahí es donde quería llegar. Hoy insistimos en negar la respuesta a la señal porque, en ciertas ocasiones, sobre todo en las señales emitidas dentro de los sistemas primarios de mensajes sexuales, las consideramos machistas, negativas. Cierto que hay reacciones exageradas o incluso violentas, pero eso está fuera de la interacción necesaria, es una reacción fuera del sistema en el que nos encontramos; es una perturbación de la comunicación, ya que se transforma en una sistema de otro tipo: jerárquico, guerrero, territorial.. Del mismo modo, que hay señales en otras culturas que nos perturban porque no entran dentro de nuestro sistema.

Imaginen un mundo por el que anduviésemos con la mirada indiferente de los demás, emitiendo señales, de las que no somos conscientes en las mayoría de la ocasiones, porque son asumidas, aprendidas. Imaginen a chicos y chicas entrando en un local de reunión evitando miradas y respuestas. Imaginen un mundo que no reaccione ante la belleza, la delicadeza, la provocación, el deseo, las emociones…

No luchemos contra las señales, simplemente hay que conocerlas y ubicarlas en su contexto, en su sistema primario. Podemos transformas como la falda, pero no eliminar la respuesta: unas piernas bonitas seguirán siendo unas piernas bonitas y los hombros bien contorsionados seguirán siendo esos hombros fuertes que esperas.