jueves, 3 de septiembre de 2015

LASTIMA DE CONMOCION

El mundo, las conciencias se han despertado por una foto dramática. Sí. Me conmueve, me entristece, pero también, al contrario que a mucha gente, me produce lástima. Lástima de que una foto les conmueva, pero no les haya conmovido el hecho de que cada año UNICEF o Save de Children o multitud de Agrupaciones les hablen de miles de niños muertos de hambre, de sed, de guerras, de persecución. Ahí las conciencias ni se mueven. Hace falta una foto ¡Vaya por Dios! Una foto y todos se levantan. El problema será hasta cuándo; como en tantas catástrofes y tragedias, siempre hay un límite de caducidad en nuestra conciencia.

Porque, lamentablemente, después querremos volver a nuestras vidas, a esas cosas que creemos que nos hacen felices. Olvidamos que para que nosotros vivamos como vivimos es necesario que otros mueran de hambre porque la tierra no da para más. Decimos hay que compartir, pero sin renunciar a ese par de zapatos que solo nos pondremos una, dos o tres veces en la vida.

Nos agrada y nos complace el ex Presidente de Uruguay, José Mújica, pero somos incapaces de vivir como él, con lo que realmente nos hace felices, con tiempo, tiempo para disfrutar de esas cosas que no se producen en una fábrica, sino que son producto de la tierra, del mundo, de la humanidad. Incapaces de disfrutar de nuestro cuerpo, del amor a la vida, condicionados por un pasado religioso sea católico, mahometano o del Dios que quiera cada cual, porque todos parecen poner condiciones a la vida.

Y echamos la culpa a los Gobiernos, que la tienen, pero no nos olvidemos de nosotros, que también; que queremos seguir viviendo en nuestro islote occidental, fuera de toda tragedia, lavando nuestra conciencia con donativos, pero sin cambiar un ápice nuestra forma de vida, nuestra visión de la vida y la felicidad. Una vida y una felicidad que se limitan a tener cosas. ¡Qué pena! Lástima de humanidad que entrega su ser a las cosas materiales y olvida las inmateriales.

Somos incapaces de pensar que debemos cambiar, que debemos empezar a pensar que la tierra merece nuestros respeto y respetando la tierra, respetaremos a nuestros semejantes.

Nos va costar cambiar. Pero sería bueno empezar a pensar que ese cambio es necesario, que el trabajo debe sustentarse en el objetivo de la felicidad inmaterial, no en el simple objetivo de producir para ganar dinero y consumir productos que otras fabrican. Fabriquemos Felicidad y conciencia, en lugar de cosas. Seguro que así no volverá a conmovernos una foto, sino nuestras propias actitudes.

lunes, 27 de julio de 2015

LAS DIVERSAS SENSIBILIDADES NAVARRAS Y MUCHAS MÁS

El nuevo Gobierno de Navarra habla mucho de sensibilidades. La propia Presidenta hablaba en una radio de sensibilidades de navarros aberzales y navarros españoles, por definirlos de algún modo, especificó. Pero olvida la Presidenta que hay más sensibilidades, entre ellas las de aquéllos que no queremos ser definidos, ni encajados, ni delimitados, a los que no nos gustan los condicionamientos de grupo; aquéllos que, quizás por haber vivido en pueblos, sienten que los localismos, la defensa exacerbada de lo propio, de lo nuestro como lo mejor, del trabajo para los de casa, de la vivienda para los de aquí, no hace más que provocar endogamia y empobrecimiento; aquéllas sensibilidades que gustan de lo otro, que se enriquecen con los demás, a los que les gusta ver el mundo en su amplitud, sin las fronteras físicas, sin las diferencias locales, regionales o nacionales. Sensibilidades abiertas a nuevos horizontes, a nuevas actitudes, a nuevas costumbres, o, mejor, abiertas a eliminar costumbres, a fulminar el deber ser por el ser mismo.

Esa sensibilidad ¿dónde la ubican? Esa sensibilidad que no quiere ser juzgada por criterios aberzales ni nacionales. Me habla, el nuevo Gobierno, de libertad de elección, pero¡ qué libertad puedo tener si para acceder a un puesto en la Administración las sensibilidades que aprenden euskera tienen más puntos, 5 ahora, quién sabe cuántos después? De qué libertad me habla si en su programa habla de una navarra plural, para después definirla como euskaldun y orgullosa de sus dos lenguas. Cuando habla de pluralidad, pero desde la euskaldunizacion. En serio, no sé si este gobierno cree que se es plural cerrando el paso del trabajo a gentes que vengan de fuera, imponiéndoles una lengua con la cual no tienen ninguna relación. Y a mí me gusta que venga gente de fuera, gentes diversas, plurales. Eso es pluralidad. Evidentemente, estamos en dos planos diferentes, este Gobierno cree que hay una frontera entre Navarra y comunidades como La Rioja y Aragón. Yo no lo creo. Soy ribera.

Yo quiero que mi cultura se embadurne con trazos de múltiples colores, con todos los colores que sea capaz mi sensibilidad de abarcar. No me aprisiones entre cuatro paredes. Me niego.

Las culturas nacen, se desarrollan y desaparecen. Le pasó a los pueblos mesopotámicos como los sumerios o babilonios, a los griegos o a los romanos. Queda su legado, que hay que tener presente, pero mirando hacia delante, hacia culturas más abiertas, abiertas de verdad, sin condicionamientos, ni definiciones posteriores y, sobre todo, menos cerradas en sí mismas.

Entiendo que las restricciones de épocas pasadas hayan supuesto, para las sensibilidades aberzales, una opresión que hoy ha explotado en exceso y quieran, ahora, vivir y sentir únicamente su cultura. Pero es hora de abrir puertas, de compartir, de verdad, no con las limitaciones que el Gobierno impone, de no establecer distinciones, salvo las puramente individuales, alejarse de convencionalismos, formalidades y leyes eternas.

Porque si estamos hablando de sensibilidades, no deberían mezclar algo tan personal con la política. La política debe estar guiada hacia todos. La cultura, simplemente no debe ser impuesta, sino ofrecida y que cada cual se sienta libre de querer o no acceder a ella. Del mismo modo que quienes desean aprender música, pintura, escultura, idiomas acceden por su cuenta a los diversos servicios que se ponen a su disposición, sin que se les den más puntos por ello.

Yo no tengo miedo a su Gobierno. Espero las mejoras sociales y de bienestar como prioridades básicas, aunque no comparto muchas de las medidas con las que pretenden alcanzar esos objetivos. Pero eso sí, no me vengan ensalzando el localismo como algo nuevo, no me vengan con discursos anclados en el pasado. Mi meta social es humana, simplemente humana, no aberzale, ni española, ni definida. Porque esa meta, ese objetivo está por construir y no puede sujetarse en viejos cimientos, sino en cimientos nuevos, mejores, enriquecidos y más robustos.

lunes, 8 de junio de 2015

POLÍGONO DE TIRO DE BARDENAS: MENOS AMBIVALENCIA, PSN

El primer asunto sobre el cual el PSN debería tener las manos libres para opinar en la Ribera es el Polígono de Tiro de Bardenas. En realidad, no tengo ni idea de lo que opina mi partido, el Partido Socialista, porque se ha definido en ambos lados y ha ido de un lado a otro, como en otras muchas cuestiones. Seguramente porque hay posturas encontradas entre los miembros mismos del Partido. Y eso es lógico. No es una cuestión sencilla, como algunos pretenden. Yo tengo una opinión muy clara y lo he dicho en muchas ocasiones en público y en privado. Son razones que muchos criticarán, pero razones igual que las contrarias:

  1. La zona del polígono de tiro es una zona reservada y destrozada sobre la que haría falta una actuación de limpieza importante con un enorme coste. Su desmantelamiento llevaría a buscar otro lugar donde llevar a cabo las prácticas. Un nuevo lugar donde destrozar nuevamente tierra. Si ya tenemos uno ¿para qué destrozar otro?
  2. Se argumentará que no hace falta un polígono de tiro. No lo veo así. Eso sería lo deseable en un mundo utópico, quizás posible, pero que hoy por hoy no existe, ya que el hombre sigue siendo despiadado, egoísta, individualista, etc. Es imposible no tener una infraestructura de este tipo. Sería impensable que, en un hipotético caso, saliésemos a defendernos de grupos como Isis, el Estado Islámico o Boko Haram entre otros, con rosas y al grito de paz y amor. Los siento, que vayan otros. Mis hijos no. No dejaré que los degollen sin luchar. Y ningún argumento me sirve para justificar ningún terrorismo.
  3. Dejando de lado las armas, que no son de mi agrado, los gastos militares incluyen cosas como la Unidad Militar de Emergencia, constituida por Zapatero (¡Vaya por Dios!) y que ha intervenido en acciones de rescate recientes como las últimas nevadas, inundaciones y en catástrofes. La ventaja que tiene el ejército, en estos casos, es que es jerárquico y, por tanto, las decisiones y acciones se transmiten rápidamente. No hay debate asambleario, (imagínense en una situación de emergencia reuniéndose en Asamblea para decidir qué hacer. Los pobres necesitados la tendrían clara). El ejército no es sólo armas, también es la unidad de la Guardia Civil que, también entrena en Bardenas, que desactiva bombas, tanto actuales como las que quedan enterradas de la guerra civil.
  4. No es uno de los problemas prioritarios de la población. No lo digo porque sí. Cuando todavía ejercía de periodista se me ocurrió, allá por el 2001, hacer una encuesta sobre las preocupaciones de la Ribera. El polígono era una de las que menos preocupación suscitaba en la población.
  5. Se habló, en aquel mismo año, sobre contaminación de uranio empobrecido. También en este caso, como periodista, se me ocurrió profundizar en el tema y contacté con expertos del centros epidemiológicos. Encontré que sí había índices preocupantes de cáncer en la comarca. Reportajes que no se mencionan en ningún lugar, pero que apuntaban no al uranio, sino a una contaminación por pesticidas y otros componentes utilizados en el sector primario que nunca se han mencionado. Es lo que tiene hacer periodismo independiente en esta Comunidad. En este caso hay multinacionales, de las que nadie habla, que hacen su agosto con estos productos, sin que nadie se atreva a abrir la boca.
  6. El polígono supone unos ingresos para los pueblos congozantes de 300,000 euros anuales a cada uno. Una cantidad, eso sí, que debiera ser regulada para que no sean usados arbitrariamente por los Ayuntamientos para fiestas o vacas, sino que revertiesen parte en proyectos medioambientales y fomento de iniciativas y empleo.
  7. En el ámbito medioambiental es necesario señalar que algunas aves en peligro, como el alimoche, encuentran en Bardenas un lugar tranquilo para vivir. E, incluso, a veces, encuentran el mejor lugar en el entorno del polígono de tiro, ya que es una zona donde no entra el turismo que, en algunas ocasiones, es muy molesto. Sobre esto no tengo evidencias. Sí que lo he oído a algún experto. Aunque puedo aportar alguna observación al respecto. En la última operación del ejército en Bardenas, pude ver un alimoche volando en Cabanillas. Me sorprendió, jamás los había visto por allí. Quizás había salido mientras la operación y volvería a si nido cuando todo quedase tranquilo.
  8. El ejército es necesario, Otra cosa es cómo se gestionan los gastos del mismo. Ahí es dónde se debería hacer incidencia para saber si el dinero invertido se utiliza debidamente.
  9. Insisto. No me gustan las guerras, pero soy realista. No me gusta ver cómo en Siria y en cualquier otro lugar, una cuadrilla de desalmados pasan a cuchillo a niños. Me imagino que son los míos y, en este caso, no lo dudaría, tomaría un arma, que no sé utilizar, y empiezo a pegar tiros. En este caso, sí que haría como esa Belén. Yo por mis hijos y por cualquier niño que me mira con ojos vidriosos, llenos de ilusiones truncadas, MATO. Es lo que tiene ser madre, te salen unos sentimientos, no racionales, ¿o sí? que no tenías antes.
     

lunes, 27 de abril de 2015

EXPECTATIVAS SANITARIAS PORQUE SOMOS HUMANOS

Hablando con un médico de atención primaria me comentó que, a nivel de gestión, habían crecido las expectativas de las personas en cuanto a la sanidad, concluyendo que en ello había contribuido la evolución social. Eso me hizo pensar; pensar en las sociedad que todos hemos construido. Una sociedad pragmática, competitiva, individualista en la que los lazos de amistad se limitan a compartir aficiones, las vecindad ha dejado paso a la indiferencia y la familia es cada vez más pequeña gracias a esa denominada movilidad geográfica laboral. Eso conlleva dos interpretaciones; aquellos que dicen que esto fomenta el aumento de los problemas sanitarios en busca de los cuidados que ya no nos otorgan los más cercanos, y aquéllos que apuntan que no es así, sino que lo que aumentan son las expectativas de cuidados. Dando por buenas ambas interpretaciones, lo que nos encontramos, al final, es una mayor demanda de cuidados en general, sean físicos, psíquicos o psicosociales.

Una demanda real a la que debemos responder: o la atendemos o la dejamos de atender. No puede un Estado eludir esa realidad o mirar para otro lado.

Evidentemente, eso implica un aumento de los costes económicos que es lo que más preocupa: la financiación y la eficiencia, (qué bonita palabra y cómo la aprovechan algunos) Pero la eficiencia y la financiación también tienen dos puntos de vista y quizás más: el puramente economicista, a corto plazo, y el punto de vista humanista. El economicista mira los costes actuales, calcula recursos por número de pacientes, etc; el humanista mira la persona, una persona que quizás pueda empeorar, y que quizás está trabajando, y tiene niños o gente que depende de ella o muchas otras cosas.

Muchos se preguntan por las plataformas que surgen. No son más que la respuesta a la falta de ese apoyo que se ha perdido en el individualismo. La gente con problemas no sabe dónde acudir, el Estado se hace el sueco, nunca mejor dicho, bajo la premisa nórdica “tú te los has buscado o algo habrás hecho para estar así”. Pero es que el Estado somos todos, todos nosotros, no es un ente artificial, etéreo.

Los problemas sanitarios, están, por tanto ahí, son reales, aunque hayamos sido responsables, todos, de esa situación. Ahora queremos que se resuelva y no vale buscar culpables, hay que dar solcuiones. La gente no acude a los médicos por afición o por gusto. Como en todo, hay matices, pero habría que señalar que cualquier generalización es perversa. Del mismo modo que no se puede decir que todos los políticos son corruptos, o que todos los médicos tienen consulta privada sin renunciar al 35% de su sueldo, tampoco se puede decir que todos los pacientes se aprovechan de las sanidad pública. Muchos comentarios sobre unos u otros lo único que consiguen es dividir a la población: los pacientes porque los médicos no les atienden o les dicen que se tome un ibuprofeno; los médicos porque los pacientes no hacen más que quejarse y a ellos no le dan suficiente tiempo; los políticos quejándose de unos y otros. Todo porque no se tiene en cuenta lo que de verdad importa en este asunto. Por eso, no es de extrañar que en la mesa redonda, organizada por la Plataforma Ribera en Defensa de la Sanidad Pública, en la que estuvieron casi todos los Partidos Políticos, hay quienes no entendieran nada, no se sintieran representados, se sintieran vacíos en lo esencial.

En cierta forma todos hemos fallado, dejándonos llevar por el individualismo y hoy nos encontramos solos. Estamos solos, pero rodeados de mucha gente. Por eso ha llegado el momento de tomar partido y decidir qué modelo sanitario queremos: el frío de los países del norte, que son capaces de mirar cómo se ahogan seres humanos sin el menor ápice de vergüenza, o el latino, más humano, más filosófico, más amante de la vida. Que hayamos consentido y construido una sociedad individualista y pragmática no quiere decir que tengamos que mantenerla. La sociedad está uniéndose para ciertos objetivos esenciales como la sanidad, la educación y un último pilar, que se ha convertido últimamente en esencial ante el envejecimiento poblacional y la soledad, la dependencia. Las asociaciones deben servir para algo más que para organizar actos festivos y lúdicos, tienen que participar en la redacción de prioridades. Porque los técnicos hablarán de cuestiones técnicas, los gestores se su cartera de recursos, los políticos de su cartera de servicios; pero para saber qué sanidad queremos deberían haber primero padecido, sufrido y haber sido pacientes para comprender lo que quieren las personas; haber padecido y sufrido la situación de los trabajadores de la sanidad. La eficiencia, tan alabada, sirve para cuestiones como la energía, la industria, el desarrollo, pero no donde exista algo tan frágil, tan vulnerable, tan único y particular como el factor humano.

La Sanidad debe entenderse en un sentido más amplio hoy en día, porque las necesidades han cambiado. La Sanidad debe ser una bandera que hay que poner muy alto porque sin ella no es posible la felicidad. El objetivo de toda sociedad, creo yo, es que cada hombre, cada persona, sea feliz y eso no se consigue fomentando en la sociedad expectativas materiales. La expectativa más esencial, más humana, más primaria es la sanitaria, cualquier aspecto sanitario, encontrarse bien uno mismo. La sanidad no es cambiar un hueso por otro, ni curar una herida sangrante, es atender a las personas, en su totalidad. Quizás esto nos haga replantearnos nuestra prioridades a todos y empecemos a ver, profesionales y pacientes, la sociedad en general, que el crecimiento de expectativas como la sanitaria no es un lastre, no es un problema. Para mí resulta humano, lo que no entiendo es lo contrario, el crecimiento de las expectativas materiales, cuando sabemos que eso no nos va a dar la felicidad, sino la ilusión de tener más.

viernes, 27 de febrero de 2015

POBRE RÍO EBRO

Pobre río Ebro, sí. Pobre, porque te quieren cuando te portas bien y te odian cuando haces lo que has hecho siempre: anegar las tierras para fertilizarlas con tus limos. Ya están, ya se oyen los gritos de los políticos buscando culpables y los buscan en tu seno, en cualquier lugar, menos en sí mismos. Porque tú río Ebro, no tienes la culpa de ser un río. El río más caudaloso de España, nos decían en la escuela. Y yo cuando lo veía me preguntaba “si éste es el más caudaloso, cómo estarán los demás”. Pues en verano, pobrecito mío, te quedas en nada. Pero lo vociferantes han comenzado a buscar culpables, a ver quien grita más, que hay que dragar, que hay que sacar áridos, que hay que, que hay que.... Y nadie te entiende, río mío, nadie te mira, nadie quiere escucharte. Te echarán la culpa a ti y al Organismo rector, la CHE. Y ésta no está exenta, porque está gobernada por esos políticos que no escuchan a los técnicos. La CHE tiene un montón de gente estudiosa que quiere escucharte, pero no les hacen caso. Es mucho mejor gritar al unísono, gritar cuando vienes, buscar culpables, que en eso son expertos, siempre culpables, sin mirar si las obras que han promocionado, que han vendido, que han inaugurado son culpables de algo de lo que pasa. Los políticos son así, siempre buscan culpables en los demás. Los agricultores están enfadados. Es normal, ven su cosecha anegada y sólo escuchan a esos que vociferan, es más fácil escucharlos a ellos, gritan más y no saben dar soluciones, siempre acaban haciendo las mismas que no resuelven nada. No te escuchan a ti. Es que las cosas han cambiado, río mío; el mundo ha cambiado y las cosechas no se definen según tu capricho, sino según el mercado. No nos culpes a nosotros, las cosas son así y los agricultores que viven de esas tierras, que has convertido en fértiles, necesitan un poco de oxígeno. Ya lo sé, que tú vienes a dar oxígeno, pero no hablo de ese oxígeno, mi río. NO. Hablo de un poco de tregua para sus cosechas. Ya sé, te han hecho mucho daño. Hay pueblos que ponen barreras más altas y tú te tienes que salir por el pueblo colindante. Si ya me fijo, mi río, ya me fijo en la Casa de las Marquesas, de Cabanillas, siempre ahí ¡Cómo sabían los de entonces como eras, como te crecías en algunos momentos! Pero ya verás como algún día llegas a ella, porque vendrán a encajonarte más desde arriba y más y más y la pillarás. Que ha habido pueblos que han hecho contigo lo que han querido y lo pagan los demás. Si ya se ve, salvo quien no quiere ver. ¡Ay, mi río, qué va a ser de ti! Van a seguir enfadados contigo. Y a tus familiares, el Arga, por ejemplo, a ése también le han hecho de las suyas, para que sea más bonito, para que tenga paseos, para que no sirva para lo que sirve un río, para regar y dar vida. Porque tú, mi río Ebro, no eres de nadie, te debes al cielo, a la tierra, al mar que alimentas, te debes a los pájaros, a los rebaños, al hombre, pero éste no te escucha, no te entiende. Pobre Río Ebro.

miércoles, 18 de febrero de 2015

ESTE COCHINO Y MíSERO PRESENTE DE POLÍTICOS FLORERO

Se acercan las elecciones y eso me hace reflexionar sobre el panorama más cercano, más conocido, sobre los que nos toca decidir a cada uno y lo que toca decidir a los partidos que quieren representarnos. En estos momentos, es cuando les sugiero que, desde mi humilde punto de vista, necesitamos políticos que den la talla, que crean, que tengan ideas valientes e, incluso, me atrevería a decir, hasta cierto punto descabelladas.

En determinadas comarcas rurales, como la de la Ribera de Navarra y supongo que en muchas otras de España, solemos conformarnos con lo de siempre, con lo que hay. Cuando vienen malos tiempos, intentamos seguir con lo de toda la vida, para ver si la cosa cambia y volvemos a estar como antes. Siempre se ha comentado que a los ciudadanos nos falta implicación, que nos falta ciudadanía, ese pensamiento que tiende al bien común. No es de extrañar, por tanto, que suela haber personas que se acerquen a los Ayuntamientos única y exclusivamente para saber “qué hay de lo mío”. No es de extrañar porque, incluso, nuestros propios representantes solicitan servicios que tienen que ver con sus necesidades personales, enmascarándolas como bien común.

Y si los ciudadanos se han conformado durante muchos años sin recibir un soplo de aire fresco, no menos lo han hecho los políticos. Estamos acostumbrados en pueblos y ciudades, quizás de toda España, a votar por la siglas o por el más “majo” de los que se presentan, encontrándonos después unos representantes que poco o nada luchan en las instituciones. Mientras unos benefician a los suyos, otros sencillamente votan en contra, sin aportar absolutamente nada, sin profundizar, sin reflexionar, sin plantear expectativas de futuro. Nos hemos acostumbrado a ciertos políticos florero que están para representar y poco o nada para luchar. Algunos dirán que hay muchos políticos que gestionan muy bien el patrimonio municipal. Y no lo niego, y aún más, hay mucha gente partiéndose la cara en política, luchando sin que nadie lo perciba; porque hay gestiones que el ciudadano jamás ve, esas gestiones que no reciben el aplauso de la concurrencia porque no son fiestas, ni grandes obras o servicios.

Sin embargo, veo también, sobre todo a nivel municipal y regional, que a muchos les faltan ganas e implicación para salir a las instituciones a por todas. Por poner un ejemplo vivido personalmente: la Mancomunidad de Servicios de la Ribera de Navarra. Una Mancomunidad nacida para la recogida de basura, que aglutina a todos los municipios, que ha dejado de ser puramente de basuras, para convertirse en otra cosa, en una Mancomunidad de Servicios, aunque al final sólo se dedica a residuos. Un ente que debiera implicarse más en otras facetas de la vida de la comarca. Sin embargo, sólo ha servido a los intereses del Gobierno Foral a la hora de financiar servicios que debía prestar el propio Gobierno, como el autobús de la vida para los enfermos oncológicos. Y desde ella se podrían impulsar muchas cosas, proyectos mancomunados. Sin embargo, sus Asambleas daban pena y, supongo, seguirán dando pena por la falta de debate y de propuestas.

Pero pasa lo mismo en los Ayuntamientos que lo único que esperan es que llegue una empresa (fundamentalmente agropecuaria) o promocionar el turismo; ahí se acabaron las ideas. Pero de implicarse en iniciativas pioneras nada de nada. Con decir aquello de “yo hago todo por mi pueblo”.

¿Y qué es todo? Puñetas. Eso ya no sirve. No es una cuestión de pueblos, eso es egoísta y endogámico. Citando a José Luis Sampedro ¿Acaso creemos que se puede arreglar nada desde cada pueblo, sin ocuparnos más que de nuestras tierras? Hay que mirar por la comarca, por todos, porque mirando por todos, fomentamos la actividad general y concreta. Quizás estamos acomplejados con el tema agrícola. Tenemos una tierra excelente y unos productos reconocidos y con eso nos quedamos. Sin embargo, entiendo que debemos aspirar a más. De hecho, una de las cuestiones que siempre se menciona en los programas es la cuestión medioambiental. Ahora bien, esta cuestión en los pueblos se reduce a cacas de perros y parques. Y es mucho más, aunque haya alcaldes, muchos, muchísimos, incluso del PSOE y hasta alguno se viene a mi cabeza, que no lo vean. De hecho, ahí está la Comunidad de Bardenas Reales, que otorga 300.000 euros a cada congozante, sin que nadie pida cuentas a sus Ayuntamientos sobre qué hacen con ese dinero, sin que dediquen, quizás, un sólo euro de ese dinero a proyectos medioambientales o de incentivación, o de investigación o apoyo a nuevos sectores o qué sé yo cuántas cosas, con que haya fiestas todos contentos. Y creo que nuestros políticos de aquí, de la Ribera o de cualquier lugar de España, también tienen que creer que esta tierra pueda acoger algo más que una agricultura y ganadería excelente. Es capaz de hacer otras cosas, tiene jóvenes preparados para ello.

No sé si los políticos, nuestros representantes, están demasiado cansados o demasiado cómodos. Mientras, nuestros jóvenes, los de esta fértil comarca, esos jóvenes formados en nuestras Universidades, creadas y pagadas con nuestros impuestos, tienen que salir a trabajar fuera de nuestras fronteras y que nuestra inversión en ellos se vaya al carajo, porque es más importante seguir como siempre a ver si escampa. O, simplemente, no hay ideas en las cabezas de los políticos. Y yo quiero políticos con ideas, no discursos hermosos dedicados a la Justicia, la igualdad, la Libertad..... Eso ya los sabemos, nos falta la práctica, los hechos. Y a mí no me importaría si un político se equivoca intentando mirar hacia el futuro, lo que me preocupa es que se queden anclados en el presente, en este puto y mísero presente.

sábado, 14 de febrero de 2015

OSITOS EN ATAÚDES BLANCOS


Hoy 14 de febrero, viendo las noticias no me percato de las elecciones, porque vuelve Lampedusa a mi memoria y esa “Madre agarrada a su hijo” y las imágenes con hileras de cajas, algunas de ellas blancas.

Ositos de peluche adornan sus ataúdes blancos ¿Por qué no me los distéis antes? Antes de que mi madre o mi padre, locos por mí, aterrados viendo mis ojitos suplicantes, atravesaran el mar para conseguirme ese osito con el que jugar. Y ahora, ¿Cómo juego si mis manos están frías?

Hermosos ojos atravesando el cristal de un autobús hacia ningún lugar ¿Y mi gatito, y mi perrito? Parece preguntar esa pequeña ucraniana : “luego volveré a por él, cuando no haya bombas, cuando no haya balas. Aguanta gatito, hasta que los mayores dejen de discutir”.

Recuerdo un reportaje: Niños inocentes en chabolas a 14 kilómetros de Madrid comentan sin percatarse de sus palabras, “los niños mayores se quedan con mis hermanos más pequeños y mi mamá se va a pedir con otros”

¡Y qué culpa tienen ellos de nuestros egoísmos, de nuestras inmundicias, de nuestras debates de mayores sobre deudas, sobre economías!

Después, siguen las noticias. Organizaciones de ayuda “primero los españoles”. ¿En serio? ¿A un niño?¿Les vamos a pedir el DNI? ¿Hace falta el DNI para jugar, para vivir?

¡Qué asco de noticias!