sábado, 14 de febrero de 2015

OSITOS EN ATAÚDES BLANCOS


Hoy 14 de febrero, viendo las noticias no me percato de las elecciones, porque vuelve Lampedusa a mi memoria y esa “Madre agarrada a su hijo” y las imágenes con hileras de cajas, algunas de ellas blancas.

Ositos de peluche adornan sus ataúdes blancos ¿Por qué no me los distéis antes? Antes de que mi madre o mi padre, locos por mí, aterrados viendo mis ojitos suplicantes, atravesaran el mar para conseguirme ese osito con el que jugar. Y ahora, ¿Cómo juego si mis manos están frías?

Hermosos ojos atravesando el cristal de un autobús hacia ningún lugar ¿Y mi gatito, y mi perrito? Parece preguntar esa pequeña ucraniana : “luego volveré a por él, cuando no haya bombas, cuando no haya balas. Aguanta gatito, hasta que los mayores dejen de discutir”.

Recuerdo un reportaje: Niños inocentes en chabolas a 14 kilómetros de Madrid comentan sin percatarse de sus palabras, “los niños mayores se quedan con mis hermanos más pequeños y mi mamá se va a pedir con otros”

¡Y qué culpa tienen ellos de nuestros egoísmos, de nuestras inmundicias, de nuestras debates de mayores sobre deudas, sobre economías!

Después, siguen las noticias. Organizaciones de ayuda “primero los españoles”. ¿En serio? ¿A un niño?¿Les vamos a pedir el DNI? ¿Hace falta el DNI para jugar, para vivir?

¡Qué asco de noticias!


jueves, 29 de enero de 2015

MUCHO MÁS QUE UN LABORATORIO EN EL REINA SOFÍA

Han comenzado las movilizaciones por el mantenimiento de los laboratorios en el Hospital Reina Sofía, pero creo que la cuestión es mucho más amplia que un laboratorio. Quizás el debate lo estamos limitando a cuestiones económicas o sanitarias, que si la sangre viaja, que si el laboratorio centralizado puede ser más eficiente...No lo sé, son cuestiones que al común de los mortales se nos escapan, fundamentalmente porque no contamos con datos, ni conocimientos suficientes. Eso lo hacen los profesionales que están haciendo una enorme labor explicándonos, a través de charlas, en distintas localidades, su visión del problema. Nosotros, al menos, sabemos otras cosas, que aquí en la comarca de la Ribera o te dedicas a la agricultura, ganadería, a apretar tornillos o ser administrativo, o ya puedes ir cogiendo las maletas. Aquí, en esta zona, de impulsar la investigación, el empleo de calidad, que los jóvenes puedan ver en esta zona un lugar donde impulsar proyectos, donde quedarse para prosperar, para crecer profesionalmente, nada de nada. Resulta curioso que investigar centralizadamente en Pamplona sea una inversión y hacerlo en otras zonas sea un gasto, siendo la misma cosa. Y así ocurre que es un gasto el conservatorio, es un gasto la universidad, son un gasto los colegios, es un gasto la sanidad rural, son un gasto las bibliotecas y, lo más importante, invertir en la Ribera es un gasto innecesario.

No, no estamos hablando sólo del laboratorio. Hablamos de mucho más, de impulsar una comarca, de vertebrar una Comunidad, de como suelen decir, potenciar el eje del Ebro. Quizás es que el Ebro pasa ahora por Pamplona. Por eso, hay que recordar que eso que dicen muchos no son meras palabras lanzadas cuando llegan las elecciones; eso conlleva hechos y esos hechos se articulan en proyectos. Puede que algunos proyectos puedan no dar sus frutos; pero si muchos emprendedores pensaran igual que las instituciones, no habría empresas pioneras.

No voy a recordar aquel estudio de la UPNA, no es necesario porque todos lo tenemos en la cabeza, y no voy a eludir cierta responsabilidad que tenemos también los ciudadanos que nos hemos conformado con las migajas que nos daban, con un hospital que, desde que lo hiciera Gabriel Urralburu, poco o casi nada ha mejorado, salvo lo que viene siendo chapa y pintura. Esa inversión fue esencial para nuestra comarca. Hizo de ella una potencialidad. Me pregunto qué más se ha hecho en la zona que pudiera dar un cierto prestigio, una cierta calidad a los empleos. Salvo carreteras y ese pequeño campus Universitario, por el que se luchó de forma conjunta, nada. Infraestructuras ejecutadas por grandes empresas cuyos ingenieros suelen vivir fuera de nuestro ámbito, salvo alguna excepción.

Quiero recordar aquello que nos decían para los negritos: no les deis pescado, darles una caña de pescar. Pues eso, mantengan nuestros servicios, que son la caña de pescar para poder mejorar como comarca . Estamos hartos de las potencialidades del Valle del Ebro; queremos que se conviertan en realidad. Sabemos, en la Ribera, que tenemos una agricultura especial que hay que potenciar, pero no sólo de pan vive el hombre. Nuestros jóvenes formados en las Universidades necesitan otros sectores donde trabajar. Y la economía de cualquier lugar requiere de diversificación. Eso quiere decir desarrollo de diferentes sectores para que la economía de un lugar no sea dependiente de un sólo sector. No soy economista, pero eso, al menos lo sé, y esperaría que nuestras representantes también lo supieran.

Espero que esos representantes estén a la cabeza de estas reivindicaciones. Algunos ciudadanos políticamente comprometidos, como yo me defino, sí lo estaremos. Porque hemos logrado grandes cosas juntos. Quiero recordar movilizaciones históricas como la de los pueblos de Fustiñana y Cabanillas, por primera vez unidos frente a un objetivo común, impedir la ubicación en Fustiñana de una empresa de residuos tóxicos. Fue un inicio. Al mismo tiempo, la Ribera se movilizó para lograr ese campus universitario y se logró. Y no quiero olvidar las movilizaciones en contra de la construcción del aparcamiento subterráneo en el Colegio Elvira España de Tudela, una pequeña comunidad, un Colegio, que sabía que la educación era más importante que el tránsito de vehículos. Y lo logró. No sé si olvido alguno, pero estos los viví especialmente. Por eso, volveré a estar y animo a todos a estar. Porque no hablamos de un laboratorio, hablamos de futuro.

Al menos, podrían pensar que si dejan aquí determinadas cosas tendremos más dinero y gastaremos más en Pamplona, a ver si así les pica el gusanillo. Lo malo es que muchos riberos se van más a Zaragoza. Va a ser eso.


jueves, 15 de enero de 2015

LO QUE NADIE QUIERE OÍR

Ya que hay mucha gente dedicada a decir a los ciudadanos lo que quieren oír, yo me voy a dedicar a decirles lo que no quieren oír; mas que nada por llevar la contraria, que es lo que se me da bien.
Aunque la crisis se debió a una cuestión financiera proveniente de los Estados Unidos, cosa en la que no me meto que para eso hay economistas, creo que si utilizamos la memoria, nadie me negará que todos veíamos que aquí se construía mucho, demasiado, gracias a la liberalización del suelo. Pero no quiero hablar de partidos políticos. Veíamos cómo gente de la noche a la mañana se construía casas de la leche, veraneaba en lugares que no localizabas en el mapa y llevaba coches que sólo veías en las películas (por exagerar un poco). Lo veíamos y estábamos entusiasmados. ¿Quién te decía que no podías ser el siguiente?
Pero lo importante no es eso. Lo importante es que a ras del suelo, en la base, veíamos con alegría cómo podíamos comprar 5 cazadoras, 10 pantalones, 10 pares de zapatos, sin mirar la etiqueta. Podíamos permitírnoslo. Pero todo era proveniente de países terceros. Estábamos descapitalizando, desindustrializando nuestro país alegremente. Que inventen otros, que nosotros compramos; que tenemos dinero. Pero, poco a poco, el dinero se fue a esos países con industrias y nos dimos la vuelta y ya no había más que construir y no había dónde meterse a trabajar. Aunque lo cierto es que, en realidad, se beneficiaron unos pocos, ya que éramos nosotros los que fabricábamos en esos países terceros. Algo que ya ocurrió con el sector primario con productos estrella como el espárrago.
Después nos fueron quitando todo lo que habíamos conseguido: sanidad, educación... en aras de una deuda que todos habíamos contraído, unos más que otros, pero todos por igual. Del mismo modo que, individualmente, habíamos adquirido nuestras deudas particulares de consumo.
Ahora nos dicen que con quitar a unos y poner a otros volveremos a tener lo que queremos. Pero no es cierto. Como dice el anuncio: no tenemos sueños baratos, tenemos sueños caros y va a ser difícil volver a lo anterior porque no tenemos una base, no tenemos una industria, no tenemos investigación. No podemos decirle a la gente que vamos a vivir en un mundo más igualitario y que vamos a acabar con los poderes económicos, cuando lo que la gente está deseando, realmente, es lograr un nivel de vida superior, gozar de comodidades sin restricciones, tener esto y lo otro; no tener que envidiar el coche o la casa del vecino; encender la calefacción, las luces, o el aire acondicionado sin pensar ¿En serio pensamos que los ciudadanos pretendemos una igualdad por abajo? No, la mayoría tiene sueños caros. Caros para todos.
Que no, que no me valen mensajes prometedores que no incluyan algo tan importante como un cambio de mentalidad en todos nosotros.
Estoy cansada de generalidades. Estoy cansada de las mismas cantinelas porque hoy se hacen las cosas no a golpe de telediario, sino de plataforma. Y las plataformas no representan todos los problemas existentes hoy en día. Hay muchas más casuísticas desconocidas que no se tienen en cuenta y las generalidades las obvían. Constantemente se habla, por ejemplo, de los desahucios. Sin lugar a dudas, quedarte sin techo es lo más duro, pero que se te caiga encima también. Porque se olvida a una parte de la población que, quizás, malvivan en casas o pisos de su propiedad viejos y desmantelados porque no tienen con qué arreglarlos ¿Acaso no merecen atención esas personas? O como son propietarios privilegiados y con patrimonio que se las apañen?
Del mismo modo ocurre con las preferentes. No dudo que haya mucha gente engañada, pero hay una parte que habrá querido sacar duros a cuatro pesetas, mientras otros se conformaban con la seguridad de un interés pequeño. Como dijo el Juez Bermúdez, se tendrá que analizar cada caso, porque cauísticas hay muchas. Y es que del mismo modo que unos invirtieron sus ahorros, otros, por ejemplo pudieron invertir su desempleo en un proyecto que le ha ido mal. Y ese inversor ¿es acaso una casta que tuvo dinero y lo malperdió? O esos verdaderos empresarios que mantienen su actividad a duras penas y que siguen invirtiendo en calidad e investigación, aunque nosotros prefiriéramos lo barato, venido de fuera.
Generalizar provoca injusticias. Por eso no me valen las palabrerías de moda sobre problemas únicos. Hay un problema y es la felicidad de las personas, el bien común, la mejora de la existencia humana. Es un problema suficientemente grande como para generalizar con unos pocos casos o unos pocos culpables.
Creo que podremos volver a tener una sanidad y educación universal y, quizás, la Ley de dependencia vuelva a ser efectiva. Pero nos queda mucho camino por recorrer como ciudadanos, mucha reflexión que hacer. Primero ¿en serio necesitábamos 10 pantalones para tirarlos al año siguiente o con la mitad nos valía? Y nuevas televisiones más grandes y muebles más modernos para cambiarlos por otros. Porque hoy hay que consumir para producir y que tengamos trabajo. Y eso me parece que no nos lleva a ningún sitio, salvo a nuevas crisis de producción y consumo. Evidentemente, se puede consumir nueva tecnología, pero utilizada con cabeza. Nuestra sociedad está sustentada en el consumo y la producción, pero la tierra, nuestra casa, no está preparada para ello. No podemos volver a comprarnos 10 pantalones (me van a matar las industrias de pantalones), tenemos que empezar a pensar y a entender que la felicidad consiste en otra cosa.
Porque, además, esa producción, ese bienestar que estamos buscando depende de algo tan debatido como la energía. ¡Ojalá la producción energética fuese limpia! Pero no hay producción alguna que no implique un efecto. Las energías renovables son lo deseable, pero van muy lentas y tienen sus efectos también. Por lo pronto y antes de que me ataquen a degüello, nadie podrá decirme que no he defendido el medio ambiente a capa y espada desde muy pequeña. Llevaba las insignias de Greenpeace cuando todavía ni estaba en España y ni se la conocía, porque yo supe de esta Asociación debido a mi ascendencia francesa. Estaba en contra de las nucleares. Sin embargo, no por ello dejo de preguntarme si pecamos, en España al no haber apostado por alguna central nuclear nueva que nos ofreciera la posibilidad de no depender del exterior. Hay algo que todavía les falta a las renovables y es la posibilidad de acumulación energética, almacenamiento. Porque cuando no hay sol ni viento, tienes que tirar de otra cosa. Quizás eso nos hubiera dado para ahorrar e invertir en investigación y mejoras sociales y no tendríamos centrales hoy obsoletas y viejas.
Hemos sido unos incoherentes. Porque mientras decíamos no a la energía nuclear, consumíamos más y más energía. Y ¡claro que la energía nuclear es peligrosa y contaminante! Pero obviamos o no queremos valorar la contaminación diaria que no rodea y que nosotros mismos aportamos: basura, pesticidas, consumismo, jabones y jabones lavando ropa limpia, el coche en ciudades con servicios públicos, (en los pueblos es más comprensible). Tantos y tantos contaminantes de uso diario con los que nos relacionamos, pero a los que les damos escasa importancia, actúan más lentamente, van matando poco a poco.
Así que, aunque muchos busquen y señalen a los corruptos, y yo también, que esto no viene de ahora, que ya hace años; aunque busquemos hoy a los culpables de nuestra situación, eso no va a arreglar nuestra forma de vida. Nadie nos va a dar esos sueños caros (salvo la lotería). Pero eso no quiere decir que no podamos vivir bien, con bienestar, cubriendo nuestras necesidades y siendo felices con lo que podamos tener. Pero para eso hay que pensar en positivo y hay que cambiar nuestra mentalidad, nuestra producción nuestra visión de la economía y del mundo. Evidentemente, ese nuevo camino no creo que llegue a verlo, tengo 46 años. De hacerse costará tiempo, pero espero que se inicie. Por el bien de nuestros hijos y de nuestra casa.

Nota del autor: (Los que me conocen saben que no soy consumista. Pero creo que todos debemos hacer una reflexión sobre nuestros propios errores y me gusta hablar con humildad. Nadie es perfecto, nadie, creo, puede dar lecciones a nadie. Lo digo por aquellos que luego tienden a personalizar y a meterse con el que escribe y no con lo que escribe).

jueves, 4 de diciembre de 2014

CRECER Y NO HACERSE MAYOR ( no todo es política ¿O sí?)

En una ocasión leí una frase que se quedó marcada en mi corazón, decía: hacerse mayor es pensar algo como piensa una persona que no eres tú. Entendía que había mucha verdad en ello, puesto que con el pasar de los años, tenía la sensación de que tu ser iba asumiendo las normas sociales, se iba domesticando y aclimatando a lo que todo el mundo hacía. Ya no pensaba en la existencia, no se comía la cabeza con pensamientos, sino con cosas fundamentalmente prácticas: tengo que hacer esto, lo otro, llegar aquí, comprar. Pero, de vez en cuando te parabas y surgía una añoranza: mirando atrás no te reconocías y te preguntabas dónde estaban aquellas inquietudes que asolaban tu mente cuando eras más joven. Preguntas filosóficas que pasaron a la historia cuando empezaste a vivir la vida como debía ser, corriendo detrás de un objetivo que no aparece muy claro en las vidas personales de cada cual, porque no sé si alguien tiene claro su objetivo en la vida cuando va decidiendo sus pasos y cerrándose, al propio tiempo, puertas. Y entonces piensas que has cambiado mucho porque te has acostumbrado a la norma social.

Mas, poco a poco, voy aprendiendo que hay una diferencia entre hacerse mayor y crecer. Hacerse mayor es, justamente, lo que más temen los niños, lo que más temía yo, porque supone dejar pasar el tiempo e ir asumiendo lo que llega como debe ser, respetando las normas sociales que suponen hacerse mayor; es esperar que las cosas lleven su rumbo, hacer lo que se debe hacer porque así debe ser, sin más, ir haciéndose una reputación, comportarse, guardar las formas, cosas así. Pero, crecer es otra cosa . Crecer es ampliar horizontes, no limitarlos; crecer es vivir más allá de lo establecido, de lo común. Pero también es, como dice el dicho, que lo que no te mate, te haga más fuerte; lograr ir aprendiendo y añadiendo a tu esencia un poco más de fuerza para seguir creciendo.

Hace poco me recordaron que cuando tenía unos 16/18 años y hasta más allá, hacía excentricidades de todo tipo. Un día salí con unas pinzas de tender en el pelo y en la ropa, como accesorio decorativo. Esto, lógicamente, en un pueblo se entendía de la forma más simple, ya se lo imaginarán. Yo, por mi parte, lo hacía con toda la intención del mundo, con la intención de transgredir, de cambiar las formas, el deber ser. Pero, explica eso a unos jóvenes de 18 años. Bueno tampoco lo entenderá una de 40. Yo sí. Ese recuerdo me hizo ver que, realmente, yo no había cambiado como pensaba. Aquella joven seguía viviendo en mí, de otra forma, porque había crecido, había aprendido nuevas formas de transgredir la norma.

Creía que me había hecho mayor. Pero, de repente, algo ocurre en la vida, un acontecimiento, bueno o malo, y de repente te das cuenta que estabas ahí, que la joven sigue ahí, crecida, más grande, pero no más mayor. Ya no hace falta que se ponga pinzas en el pelo y en la ropa. Sus hechos, sus palabras hablan de ella. Han tomado fuerza: ha sufrido, ha recibido bofetadas, ha luchado, ha perdido múltiples batallas, pero sigue siendo la misma.

Ha crecido y ha aprendido que ante la vida tú eres tu mejor amigo; que debes mirarte al espejo y no esperar que haya nadie a tu lado, aunque si lo hay mejor. Debes saber que son muy pocos los que pueden disfrutar de amistades reales, de esas que están a las duras y a las maduras. Porque la mayoría de las veces estarán contigo para que les escuches, les tiendas la mano y les dejes tu hombro. Pero cuando seas tú quien empiece a hablar te responderán “sólo hablas de ti, sólo piensas en ti” o, simplemente, te volverán a hablar de ellos. Y en ese momento es en el que debes hacerte fuerte y pensar: sí, debo pensar en mí. Retírate de mi hombro, devuélveme mi mano y dame la palabra que la necesito. La necesito para cuidarme sola. Para seguir creciendo y comprobar que en la vida los problemas pueden ser oportunidades para descubrir nuevas perspectivas, que te abren al conocimiento y puedes aprovechar para mejorar las cosas. Los problemas son retos que te abren a la vida, a su origen, a su lucha, que te hacen comprender que el hombre es un ser social, pero tremendamente individualista. En lo problemas nos diferenciamos: o nos hacemos mayores o crecemos. Yo opto por crecer, porque me sigue gustando subir a los árboles, columpiarme, hacer piruetas en la hierba y, sobre todo, me gusta jugar. No tengo ningún síndrome, sólo que no me hago mayor, sólo crezco como persona. A unos les parecerá mal como crezco, a otros les importara un bledo; son formas de juzgar que yo no juzgo. Así que no me juzgues por crecer como crezco. Porque, al menos, crezco y no me hago mayor.

sábado, 15 de noviembre de 2014

MAS SERVICIOS SOCIALES Y MENOS COMPLEJOS SOCIALISTAS

Siento decirlo, pero el Partido Socialista de Navarra (PSN) ha vuelto a patinar demasiado deprisa por sus propios complejos. Hace poco aprobaba una modificación de la Ley del Vascuencce que ampliaba a la zona no vascófona la posibilidad de acceder a una educación en esta lengua. En circunstancias normales esto no tendría mayor importancia, pero actualmente creo que se asumen y defienden prioridades que corresponden a otro tipo de partidos. No es que suponga un enorme patinazo, pero ejemplifica un camino que no creo se deba seguir. He repetido hasta la saciedad que yo no entro en ese juego del nacionalismo ni del de izquierdas, ni del de derechas, en el prima “estás a favor o en contra mío”. Para mi, y me lo han oído decir en los Comités Regionales, mi patria es lo público y mi bandera la Libertad, la Igualdad, la Equidad y la Justicia social. Ni siquiera entro a valorar lo que de desigualdad tiene esta situación para muchos ciudadanos.
Lo que me duele como socialista es que a tenor de las prioridades de nacionalistas de izquierdas o de derechas podamos perder nuestro objetivo social, el que hoy más que nunca debe movernos con hechos y demandas claras.
¿En serio no hay nada más importante, en estos momentos en la Administración Pública, que a una persona se le de la posibilidad de elegir la lengua en la que quiere aprender o ser tratado? ¿En serio? Porque se me ocurren miles de problemas más urgentes para los ciudadanos y no es demagogia. Considero que hay mucho que hacer en esta Administración en otras cuestiones, por ejemplo en Servicios Sociales. La UPNA ha debatido sobre ello con una jornadas sobre los nuevos retos ante la crisis. Y es que sería hora que en lugar de más profes de vascuence se establecieran más armas y medios para los Servicios Sociales. Medios que no deben ser sólo materiales, sino legales para tratar a las personas como personas y para que no se logre lo que muchos pretenden: que los Servicios Sociales sean vistos como los que financian únicamente a los inmigrantes, un lugar donde van los que se quieren aprovechar de las ayudas de la administración o cosas por el estilo que son el argumento de quienes quieren acabar con el Estado de Bienestar y solidaridad. Son los argumentos del Gobierno al que no le interesa que los servicios sociales sean lo que su nombre indica. Si los Servicios Sociales tuvieran todo eso, medios legales con los que luchar, quizás mucha gente no necesitaría montar plataformas para defender derechos a los que se suman tanto quienes tienen problemas, como quienes quieren aprovecharse de las circunstancias.
Y medidas se pueden tomar. Por ejemplo: ¿Cómo es posible que quienes acuden a una plaza pública en una residencia de ancianos generan deuda (sí, lo que no pueden pagar se acumula en deuda para que el Gobierno Foral lo cobre de los herederos) y el servicio de atención domiciliaria no? Creo que es injusto. Porque quizás quien recibe esa atención domiciliaria tiene medios económicos y quien va a la residencia no. Hay mucho de lo que hablar y examinar en este asunto, pero no se quiere profundizar, ni escuchar a profesionales de verdad.
Supongo que a muchas personas esto les sonará a chino, seguramente quienes no hayan tenido que lidiar estos temas u otro tipo. Pero los técnicos de la Administración han llegado a tal grado de constreñimiento que los problemas que puedan tener las personas se convierten en mero trámite administrativo. Y eso no debe ser así. En una administración cercana como la navarra o en cualquier otra, que todas las personas deben ser tratadas por igual, el ciudadano debe ser atendido en su particularidad, en su casuística, escuchado y no como una generalidad. Porque del mismo modo que los políticos no quieren que se les meta a todos en el mismo saco, tampoco hay que meter a todos lo ciudadanos en el mismo. Y eso son muchos hoy los que lo hacen. Ha habido gente que se ha aprovechado de las ayudas, pero creo que, justamente, no ha sido quien más lo necesitaba, sino quien sabía o estaba asesorado para hacerlo.
Las personas que hoy tienen problemas necesitan que alguien las escuche, no que les digan qué papeles rellenar, necesitan que comprendan que no pueden sentirse abandonados a su suerte. Porque, ésta, señores, no solo se reparte en Navidad, y cae de la buena y de la mala. Si somos un Estado social y solidario, como al menos creemos los socialistas, debemos priorizar el trato, el acercamiento, la búsqueda conjunta de una posible solución, sea o no factible que, quizás, no pueda ser. No como otros que cuando les toca, se dedican a llorar por la suya, demandando soluciones para sí, pero aplaudiendo recortes. Y justamente estos apoyan a un Gobierno, como el de UPN, al que no le interesa que los servicios resulten reales. Quieren que sigan siendo oficinas de mero trámite, sin tener en cuenta que la vida se puede complicar mucho a las personas sin que se lo hayan buscado. Y ahora mucho más cuando la dependencia o la sanidad han pasado a ser asunto de las familias. Familias muchas de ellas con graves dificultades económicas y que, en el mejor de los casos, sólo tienen su vivienda con la que afrontar los gastos que pueda suponer esas circunstancias especiales.
Lo importante es que esas personas sientan que frente a ellas hay otra persona que no sólo le va a dar una papel a rellenar en castellano o euskera.

viernes, 3 de octubre de 2014

HARTA DE LOS WASAPIANOS (un poco de comprensión)

Estoy sumamente harta de la tiranía de los wasapianos. Es curioso que los avances tecnológicos que debieran servirnos acaban siendo, para la humanidad, una forma de imposición y marginación. Supongo que se me podrá discutir, pero así lo veo yo, una usuaria de esos móviles Nokia sin Waspp, llevadas al ostracismo. Marginada porque desde el momento que no tienes Wasapp ya nadie se comunica contigo, ya no puedes formar parte de un grupo de amigos, ni de una organización política, ni siquiera colaborar en el colegio de tus hijos. Y el problema es que, cuando ven tu móvil, te dice todo el mundo: “cámbiate ya, que nadie lleva eso”. Evidentemente, ese nadie soy yo.

Y ya no sólo te mandan al ostracismo, sino que además, en el colmo de la tiranía, te acusan de ser egocéntrica y de no pensar más que en ti misma por no tener wasap y querer que los demás no lo utilicen contigo. Te echan la culpa de no tener wasap.

Por tanto, me quieren imponer, me quieren obligar a comprarme un móvil para ser igual que los demás. Y yo tengo ese Nokia porque no se rompe, porque valía barato, porque yo no me puedo permitir gastar un porrón de pasta en un terminal de esos y porque, y lo más importante, mi forma de consumo es la más contraria a esta sociedad: yo no me compro nada hasta que no rompa lo anterior. Y eso lo hago con todo, hasta con la ropa. Ya siento tener esta mentalidad tan retrógrada y creo no ser la única. Por eso lanzo una SOS a ver si aparece alguien, además de Carles Francino quien también ha declarado tener un Nokia de esos.

Quizás seamos una minoría. Y si somos una minoría ¿Por qué nos rechazan? Quiero romper una lanza por quienes todavía no tenemos wasap. Porque del mismo modo que nos llaman egocéntricos, que no entiendo el motivo, nosotros, esa molesta minoría, también podríamos decirles por qué quieren imponer una forma de comunicarse, por qué no cuentan con esa minoría, por qué no intentan utilizar con nosotros otras formas de comunicación, por qué se creen que son el centro del mundo, por qué intentan defenderse de su dependencia culpando a los demás. Porque, salvo honrosas excepciones que lo reconocen, la mayoría hacen como todos los telespectadores, que ninguno ve Sálvame y sólo ven los documentales de la dos; por qué no esperan que ya llegaremos, cuando se nos rompa, claro. ¡Qué afán por comprar! Cualquier minoría hoy en día es más respetada que los podres que todavía no usamos wasap.

Esto me hace reflexionar hacia el tipo de humanidad y sociedad que estamos construyendo; además de puramente consumista, estamos olvidando la comunicación oral y escrita. Les pasó a las cartas, ahora sólo recibimos facturas y ya ni eso. Lo cual me parece estupendo porque ahorramos papel, aunque, por otra, consumimos energía en recargas y ordenadores. Sin embargo, he de confesar que yo todavía escribo alguna carta y también utilizo, en muchas ocasiones, cualquier papel usado para escribir y pasarlo, después, al ordenador.

Temo por la comunicación oral, donde la inflexiones de la voz podían darte pistas sobre la intención del comunicador. Hoy tendremos que empezar a analizar cómo es una persona según cómo escriba en wasap. Y no va a ser fácil, ya que la economía llega también a las palabras y se codifica al igual que las máquinas.

Y ya no hablo de sustituir el Facebook por el twiter, lo que supone que cuanto menos escribas, cuanto menos reflexiones mejor. Y a mí en comunicación y en pensamiento no me cabe la economía.

Entiendo los adelantos tecnológicos, más aún, los aplaudo. Pero no entiendo que se olvide a la persona que está más allá del aparato, su necesidad de comunicarse más personalmente, más directa, sin subterfugios, ni esconderse en frases hechas y en proclamas. Abogo por una tecnología que cuente con la persona, no que la anule y, en estos momentos, estamos anulando a la persona en pro de mecanismos. Si no tienes wasap no eres, no existes. Adiós al “pienso, luego existo”.

viernes, 12 de septiembre de 2014

UN NUEVO MODELO ES POSIBLE CON CRITERIO, VALENTÍA, UN CAMBIO DE MENTALIDAD Y MUCHA UTOPÍA

Estoy cansada de oír discursos en los que se habla de cambiar modelos, de cambiar formas de hacer, de acabar con vicios propios, sin que ninguno de esos discursos acabe diciendo el meollo de la cuestión: el cómo. Normalmente, se hablan de medidas macroeconómicas que, salvo el tipo de interés, no se sabe muy bien cómo, ni cuándo, ni de qué manera nos acabarán afectando a los ciudadanos.

Y es que esta crisis tiene, como dicen, una de sus causas en lo que se ha dado en llamar crisis del modelo productivo. El modelo productivo que tenemos es mas o menos simplificado: producir y producir, más y más. Todo el mundo menciona la necesidad de un cambio en el modelo, sin aclarar hacia dónde se quiere caminar. Lógicamente, si lo pensamos bien de verdad y no nos airamos con soflamas, para cambiar este modelo productivo es necesario tener claro que estamos en una economía global y que, por supuesto, para cambiarlo es imposible hacerlo a las bravas, de hoy para mañana e individualmente.

Cambiar un modelo no es fácil porque está instaurado en todo tipo de instituciones y, lo más importante, en la mentalidad ciudadana. Desde mi punto de vista, nada económico y más bien, en todo caso, político, creo que es necesario empezar a cambiar ese modelo desde abajo con valentía y criterio y utopía, sabiendo que esto va para largo, pero que hay que empezar a hacerlo y que esos primeros pasos ayuden ya al ciudadano.

Nos va a costar tiempo, mucho, pero entiendo que todo debe empezar desde los municipios con un apoyo adecuado desde el ámbito nacional, desarrollando políticas de impulso y apoyo, no sólo económico. Los municipios, las instituciones más cercanas al ciudadano, deben empezar a impulsar políticas que impliquen el fomento de nuevas actividades económicas que vayan conformando la base económica de ese nuevo modelo, al mismo tiempo que deben impulsar nuevas formas de ver las cosas, que haga nacer una nueva mentalidad, algo que entiendo va a ser una labor más ardua y mucho más complicada, de ahí que sea necesario empezar por abajo.

Estas nuevas actividades tienen que estar basadas en unas premisas: la primera de ellas deben ser sostenibles. ¿Qué es sostenible? Porque también es una palabra muy socorrida en estos tiempos de cháchara. Muy sencillo: primero hay que empezar sabiendo que estamos en un momento en que producimos y producimos, lavadoras, TV y demás aparatos para que se rompan más pronto y hagamos otras, y generen residuos; y creemos otra economía basada en el tratamiento de residuos;y sigamos produciendo. Pero hay que hacerlo más barato. Y las empresas buscan lugares más baratos donde no pagar tanto (o joroban la economía de un país) y así producir más barato, haciendo que los trabajadores cobren menos, para que algunos tengan 20 pantalones en el armario y llevemos cinco, a lo sumo.

Cambiemos el chip. Hagamos una economía en la que las cosas duren un poquito más, salvo en lo que se refiere a la tecnología y la ciencia que tiene que ir caminando hacia nuevas cuotas de investigación y bienestar. Hagamos una economía que no consista en producir, sino en mejorar la vida de las personas mediante mayores servicios sociales, educativos y sanitarios. Pero para eso es necesario un proceso enorme y largo, es preciso que cambiemos nuestra mentalidad; que empecemos a pensar que es necesario sueldos más altos para que podamos, todos, contribuir a mantener, fiscalmente, esos servicios sociales. Ese es el camino. Y ese camino no se consigue de la noche a la mañana. Se consigue teniendo claro el objetivo y empezando a trabajar desde abajo. Desde los Ayuntamientos, a través de una gestión eficaz y un compromiso claro con el bien común y no con el bien que dicte el mercado.

Y ¿qué es una gestión eficaz para infundir actividad económica?

Pongamos un ejemplo claro. Me gustan los ejemplos porque estoy harta de oír proclamas. El Plan E de Zapatero, tan criticado, era una buena idea. El problema fue que no se dieron las directrices adecuadas y que los Ayuntamientos pretendían más ponerse medallas y dejar las cosas bonitas, que dejar un futuro a sus ciudadanos. Algunas localidades dedicaron ese dinero a invertir, por ejemplo, en nuevas tecnologías que llevaran a una mayor eficiencia energética que, a la vez, supusiera un ahorro, que pudiese volver a invertirse en nuevas mejoras de eficacia. Pero eso no fue lo que hicieron la mayoría. Y hay posibilidades de seguir invirtiendo en nuestros municipios a través, por ejemplo, de los Fondos de Desarrollo Rural.

Por eso es necesario que el cambio de modelo se inicie desde abajo, que se insista en agrupaciones, que se acabe con los políticos florero, con los políticos que buscan la adulación, con los políticos que dicen que todo va a ser maravilloso en pocos días, con los políticos que quieren mantener las cosas como están, porque eso no nos conduce a ningún sitio y más teniendo en cuenta que los españoles llevamos una carga histórica de envidia y picardía que no es fácil de borrar. Apostar por quienes estén dispuestos a cambiar, a ser valientes, a decir a la gente que las cosas pueden no ser tan bonitas, pero son más eficientes y pueden mejorar la calidad de ese vecino al que ni se ha dado cuenta que le falta trabajo y dinero, porque no le interesa verlo; aunque sí le interesa, y no hace más que mirarlo, al que ha cambiado de coche por uno mejor y más chulo, aunque no sea más eficiente. Esa es la mentalidad que tenemos que cambiar, antes que nada y nos va a costar la leche. Pero..¿No deberíamos empezar ya a cambiar?